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Vida Ferrocarrilera

Entrevista a Abraham Vega Cruz Murillo, migrante hondureño

Patricio Juárez Lucas

Entrevista a Abraham Vega Cruz Murillo, migrante hondureño.

En el “Archivo de la Palabra Jesús García Corona” se res guardan testimonios de trabajadores ferrocarrileros, jubilados y en activo, que comparten las experiencias vividas en el complejo mundo del ferrocarril. Muchos de esos testimonios nos permiten conocer los diversos acontecimientos y procesos sociales, históricos, económicos, políticos, tecnológicos y otros más de los ferrocarriles de nuestro país.

Con el propósito de enriquecer este proyecto el personal encargado de desarrollarlo se dio a la tarea de entrevistar a algunos migrantes que hacen uso del ferrocarril. Gracias a ello en esta ocasión Patricio Juárez Lucas, jefe de Departamento de Archivo Histórico nos comparte la entrevista que realizó el 11 de noviembre de 2015 al migrante hondureño Abraham Vega Cruz Murillo, quien a su paso por el albergue La Sagrada Familia de Apizaco accedió a compartir sus experiencias.

PJ: ¿Cuál es tu nombre?, ¿de qué país vienes y de qué lugar?
AV: Soy Abraham Vega Cruz Murillo, vengo de Olancho, Honduras.

 

PJ: ¿Cuánto tiempo tienes de camino desde que saliste de tu casa?
AV: Casi tenemos el mes, porque salimos el 13 de octubre.

 

PJ: ¿Y en México cuántos días llevas?
AV: Llevamos más o menos 28 días.

 

PJ: ¿Por qué parte de la frontera en traste?
AV: Por El Ceibo, para llegar a Tenosique, allí nos sucedió una cosa… Faltando cuatro kilómetros para llegar a Tenosique en un lugar que le dicen El Basurero, allí nos salieron unos chavalos, como tipo de la madrugada; en ese tiempo estaba lloviendo, entonces nosotros veníamos caminando y descansando, y ya descansados, como a las dos de la madrugada, decidimos caminar, entonces al llegar a esa zona, como a cuatro kilómetros para llegar a Tenosique, nos salieron unos chavalos, eran como ocho o nueve chavalos, uno de ellos tiró un disparo al aire, y cuando tiraron el disparo al aire empezaron a salir todos los ladrones allí, veníamos seis, se escaparon tres.

A mí, a un sobrino y a un amigo nos agarraron, cuan do empezaron a correr hacia nosotros los chavalos andaban con machetes, palos y cuchillos. A mi compañero Rolando le pegaron con un palo aquí, y de un solo golpe lo tiraron, y a mí me pegaron otro por acá, ya después nos agarraron y nos llevaron para las cañeras. Allí en las cañeras nos empezaron a quitar el dinero que traíamos, la ropa, todo nos quitaron, ya después de allí, también nos quitaron todo el dinero, nos llevaron más para el fondo, más al centro de la cañera, entonces allí ya nos empezaron a pedir números de familiares que tuviéramos en Estados Unidos, entonces nosotros les dijimos que no teníamos números, entonces de allí nos empezaron a golpear más y más, ya por último nos pusieron una pistola en la cabeza, entonces fue allí que le dimos un número de un familiar en Brooklyn.

Entonces llamamos al fa miliar, entonces el familiar les contestó que él tenía como tres meses de no trabajar, y que no podía hacer nada por nosotros, entonces ya como a las cuatro o cinco de la mañana nos pidieron el número de la familia de allá de Honduras, entonces contestó mi hermana, ellos nos dijeron que les dijéramos que nosotros estábamos secuestrados, que querían tres mil dólares por cada uno, y que le daban hasta las nueve de la mañana para recoger el dinero, entonces vine yo y le dije que era muy poco tiempo para recoger el dinero, de 5 a 9, eran como cuatro horas, entonces le dije que era muy poco tiempo y que nos dieron un poquito de tiempo más, le dije que hasta las once, y ya como a las once le vuelven a llamar a mamá, entonces mi mamá no había conseguido nada, entonces mi mamá le empezó a suplicar por nosotros, diciéndoles que no nos hicieran nada, que nosotros éramos pobres y que no podían conseguir el dinero, entonces fue allí que me dijeron ellos que les dijera que ya habían matado a uno de los compañeros que les dijera bajo amenaza, entonces yo le dije a mi mamá que le hablara a uno de mis amigos allá en Estados Unidos.

Llamaron para Estados Unidos, y sí, dijeron que nos iban a ayudar a nosotros, entonces les dieron un chance hasta, de las once hasta como a las tres de la tarde, y a las tres de la tarde vuelven a llamar a mi familia y les dijeron que si ya habían conseguido el dinero, entonces le dijo al chavalo que necesitaba el número y el nombre de la persona a la que se iba a mandar, pero los chavalos dieron el nombre, no lo dieron correcta mente, que se equivocaron en algo, entonces se les acabó la pila del celular y se fueron dos o tres creo para el pueblo a cargar el celular, ya al regreso, cuan do ya regresaron, vuelven a llamar de nuevo, a mí fue al único que utilizaron para hacer las llamadas, como yo hice el contacto allí, entonces empiezan a llamar, ya le dijo mi mamá que sí iba a conseguir el dinero pero que el nombre que le habían dado estaba incorrecto, entonces vinieron y le dieron otro nombre, entonces le dieron chance más o menos una hora más, entonces volvieron a dejar pasar la hora y volvieron a llamar, y le dijeron al muchacho que no habían conseguido el dinero, entonces les dijeron que me despidiera, que era la última vez que iban a escuchar mi voz, que me iban a matar a mí y a mi sobrino y al compañero, entonces se comenzaron a preocupar, mi mamá se puso a llorar, y ya le empezó a suplicar por nosotros, le dijo uno de ellos que no aceptaban sermones que consiguieran el dinero, y que era la última vez que nos iban a escuchar la voz; entonces mi hermano, un tío mío y el compañero se fueron para la casa de la 72, allá en Tenosique, entonces con el padre Aurelio fueron a poner la denuncia a la PGR y al ejército.

El ejército les contestó que si nosotros fuéramos mexicanos podrían poner hasta aviones, todo para recuperarnos, pero como no éramos mexicanos lo único que podían hacer era operativos, entonces yo creo que primero nos fueron a traer comida, pero nosotros ya habíamos visto todo lo que nos habían quitado, que eran como mil quinientos pesos, fueron a traer comida, nos dieron comida y supuestamente ya la PGR y la policía estaban patrullando por esa zona, donde mero sucedió esto.

Entonces ya como a eso de las cinco de la tarde nos llevan a la orilla del río, porque allí pasa un río, nos llevan a la orilla del río, nosotros estábamos amarrados de manos y cerrados de los ojos, nos tenían acosta dos en un charco, entonces nos lleva ron a la orilla del río y me vuelven a llamar a mí de nuevo, para ver qué habían resuelto, y como no habían resuelto nada, que no habían conseguido el dinero, entonces me dijo uno de ellos que mi familia no me quería a mí, que no nos querían a nosotros. Le dije que no es que no nos quieran, que nosotros éramos pobres y no teníamos dinero, entonces uno de ellos cargó la pistola, y nos dijo: ¡Pues ya se los cargó la chingada a ustedes tres! Entonces cargó la pistola y nosotros ya nos estábamos resignando, ya estaba resignado, o sea que ya iba a morir pues; porque cargó la pistola y después de eso no nos hicieron nada. Nos volvieron a acostar allí donde estábamos, en el charco, y ya después nos llamaron a los tres, y ellos se habían movido allí, unos se pasaron el río e iban a ver al puente, a ver si no miraban los militares y todo eso, entonces aquellos se hacían una señal. Nos preguntaron cuánto nos habían quitado, ya les dijimos tanto, entonces nos dijeron: los vamos a dejar ir, los que viendo yo y les digo: en serio nos vas a dejar ir, palabra de hombre, les digo, y me responden que sí, y entonces nos empiezan a cortar las gasas de las manos y nos qui tan las vendas de los ojos, y nos dicen: váyanse, nos ordenan. El que voltee a ver atrás le meto un balazo, entonces nosotros cuando nos soltaron, les dijimos gracias por perdonarnos la vida y nos fuimos caminando.

Más o menos cuando ya habíamos caminado quinientos metros más o menos, que ya no los miramos a ellos, salimos corriendo y al llegar a la carretera principal que va para Tenosique entonces allí pues, faltaban cuatro kilómetros y nos fuimos caminando hacia allá y nos per catamos que hay un chequeo de la municipal allí antes de llegar a Tenosique, les comenzamos a contar el problema que tuvimos, entonces nos dieron la dirección de la Casa del Migrante, que allí nos podían ayudar en eso, entonces fuimos allí nosotros, llegamos a la Casa del Migrante, ya les dijimos que nosotros estábamos secuestrados y que nos tenían desde ayer, entonces nos metieron en un espacio, como así [refiriéndose al pequeño cuarto en el que se realizó la entrevista en el Albergue La Sagrada Familia de Apizaco], nos metieron allí adentro, y entonces nosotros les preguntamos, si estaban mi tío y mi hermano, y allí estaban, ya habían puesto la denuncia, entonces cuando los miramos, nos abrazamos de la alegría, porque también nosotros estábamos bien, entonces allí el padre Aurelio llamó a los derechos humanos, entonces nos dijeron que teníamos derecho a estar en regularización, ya nos dijeron lo que teníamos que hacer, entonces así como nos dijo así lo hicimos, pues cuando ya es tuvimos allí en la migración y todo ya lo hicimos, pero nos llevamos mucho tiempo, entonces nosotros decidimos avanzar.

Aquí en Coatzacoalcos no nos dejaron subir al tren porque estaban cobrando una cuota de cien dólares. Si no pagábamos los cien dólares, entonces no nos podíamos montar al tren y nos mandaron a charolear [pedir ayuda], entonces como nosotros no pudimos reunir nada, entonces nos tuvimos que ir caminando de allí de Coatzacoalcos hasta delante de Minatitlán, allá esperamos el tren. Nos fuimos como a la una en casa de arenera, de allí salió el tren, allí no había problema y llegamos de una sola tirada a Tierra Blanca. Ahora de Tierra Blanca para el último túnel de Orizaba veníamos de noche nosotros, veníamos en el tren y de repente puchan el tren, da la casualidad de que cuando puchan el tren había unos secuestradores allí, entonces como yo cuando vine la primera vez fui secuestrado por los zetas, entonces empezaron a basculear a todos, de atrás para adelante, venían agarrando a todos los emigrantes y los montaban al carro, entonces nosotros cuando pucharon al tren nos bajamos y no pensamos nada malo, entonces un chavalito nos dice: ¿y ustedes quiénes son?, nosotros no le contestamos nada, entonces carga una pistola, no sé si era una 9 o una 38, ¡¿Quiénes son?!, nos vuelve a preguntar.

Nosotros no venimos en el tren le dice mi carnal, entonces nos dice: ¡Móntense en el tren!, entonces me monté y ya el relajo de que unos agarraron para acá y otros para allá, me quedé, entonces le digo a mi hermano: estos son zetas. Entonces cuando le digo que son zetas nos metimos al monte y nos quedamos clavados allí como a eso de las diez de la noche, nos metimos al monte bien al fondo, entonces allí nos quedamos acostados en una colcha y con la misma colcha nos cubrimos y allí amanecimos, ya como a las cinco de la mañana del siguiente día nos venimos caminando hasta aquí [albergue], llegamos a las siete de la noche.

 

PJ: ¿Cuánto tiempo se hicieron?
AV: Desde las seis de la mañana a las siete de la noche caminando hasta que llegamos aquí. Y vamos viendo que allí andaba migración, ahorita no hemos salido, porque ahorita a nosotros nos van a mandar un dinero para seguir avanzando, por si nos llega a aparecer un ladroncito por allí. Dicen que para adelante está cabrón, pero lo que nos ha pasado a nosotros fue de noche, ya de día nosotros venimos tranquilos, y las dos cosas que nos pasaron a nosotros fue de noche. Como de día todo se ve, es cuando uno mira.

Nosotros que vamos arriba del tren vamos viendo del lado izquierdo y del lado derecho, cuando uno mira algo anormal, y siempre nosotros vamos en los últimos vagones, y dejamos que otros emigrantes vayan delante de nosotros, cualquier pedo que pase allá entonces los de atrás estamos listos para bajar nos corriendo, el destino de nosotros es llegar hasta Altar, Sonora, a la frontera de Altar, Sonora para pasar a los Estados Unidos, nosotros vamos para Houston.

 

PJ: ¿Pero no les queda más cerca Laredo?
AV: Mire le voy a contar, desde Piedras Negras para la frontera de Tamaulipas, antes de llegar, faltando supuestamente, más o menos como una hora o media hora está un retén de los zetas, entonces está peligroso. Nosotros no nos podemos arriesgar a irnos por allí porque si nosotros agarramos por el otro lado, por el Pacífico, ya no están los zetas, ahí están los del cártel del Golfo, pero esos no se meten con nosotros, ellos no secuestran, por eso nosotros decidimos agarrar por ese lado, porque es más tranquilo. Si nosotros vamos para la frontera de Tamaulipas es se guro que vamos a caer, entonces, para evitar eso, agarramos la ruta un poquito más larga pero más seguro.

 

PJ: ¿Dices que has estado en Estados Unidos en ocasiones anteriores?
AV: La primera vez que fui que me tu vieron los zetas y que me soltaron por que como no teníamos nada de dinero, sería la buena suerte o las oraciones que hacían mi familia allá en Honduras que me dejaron libre, entonces yo me pasé para el otro lado, me crucé el Río Bravo, caminé dos días y una noche y llegué a un pueblito que se llama Brownsville, mi carnal estaba en Houston, entonces yo le llamé a mi carnal, y ya un muchacho que trabajaba allí en la municipalidad, me dio una llamada y me dio la dirección donde nosotros estábamos, y mi carnal no pudo venir hasta este sitio, porque había un che queo de ida, pasaba, pero a la venida no pasaba, entonces ya decidí caminar más yo, entonces allí caminamos y se nos terminó el agua y la comida.

Estábamos caminando por el desierto y ya al fondo se veía el pueblo, ya no llevábamos agua ni comida, y con un montón de frío , entonces ya nos acercamos nosotros al freeway, y un rastrero nos pitó, y al ratito nos cayeron unos del ice, atravesaron la camioneta y allí nos de tuvieron, y ya nos llevaron a migración y allí estuvimos como quince días, en migración, ya luego me deportaron para Honduras, esta es mi historia.

 

PJ: ¿Ahorita estás intentando de nuevo?
AV: Sí, ahorita estoy intentando de nuevo, a ver si la hago, si pienso que con la fe en Dios sí voy a llegar.

 

PJ: ¿En tu país en qué trabajas?
AV: En la albañilería.

 

PJ: ¿Tienes más familiares en tu país?
AV: Sí, mi papá, mi mamá, mis hermanos, mis sobrinos, mis primos, mis tíos, todos, aquí solamente tengo un primo, al que le llamé. Es el único que tengo de la familia, pero como nada más es taba trabajando, en Texas, no me pudo ayudar.

 

PJ: ¿Pero te irías con él si logras pasar?
AV: Sí, porque estaría esperando en la frontera, estaría trabajando mientras él reúne el dinero, pero uno de mis carnales tuvo patrones allá, él estuvo trabajando allá en Estados Unidos, entonces tuvo un patrón, entonces uno de los patrones le dijo que le iba a ayudar con todos los que veníamos con el coyote y que él, nos iba a dar trabajo y nos iba permitir que durmiéramos allí, entonces lo que necesitamos es llegar a la frontera, y ya estamos listos.

 

PJ: ¿Y esa ocasión que dices, cuando también los agarraron los zetas, en qué parte de México sucedió eso?
AV: Mira, pues me agarraron aquí en un pueblito de Veracruz que se llama Las Choapas, en un desvío de la carretera que dobla así y a mano izquierda hay un carrilito, allí estaban dos trocas, allí pararon al tren y nos dijeron que adelante estaba la migración, que ellos nos iban a ayudar a cruzar el retén, entonces al ver eso, yo lo vi como raro, pero como iba con una mujer que me dijo si tú te montas a la troca yo me monto, fue y se montó, y entonces yo como zonzo me le pegué atrás también, ya estando allí en una casa de Las Choapas, a una casa donde nos llevaron, nos empezaron a pedir números, y a los que no daban los números, tenían unas paletas, una paleta para macanearnos.

Empezaban a sacar a uno por uno, y yo para que no me pegaran le di el número, pero le di el de mi carnal que estaba allí toda vía, pero mi hermano no tenía activo el teléfono, sólo para llamadas locales, entonces se intentaron comunicar pero nunca lo lograron entonces nos lleva ron a una colonia de Reynosa que se llama la colonia de Los Doctores, de allí de Las Choapas, pero nos movieron en combis, eran carros tapados con lona, pero nos movieron de noche y sólo por el monte, salimos como a las diez y ya de noche del siguiente día llegamos a la colonia Doctores, entonces ya nos metieron en una casa allí, empezamos a hacer fila, allí a unos los mandaron para la planta baja, era una casa de dos planta, a unos los mandaron a la parte de abajo y otros a la parte de arriba, en total habíamos como 183, 183 secuestrados allí en la colonia Doctores, pues yo no sé qué será, será lo que mi mamá le rogaba por mí a ellos que ellos me dejaron solo, me dejaron libre, porque yo les dije a ellos, al principio que ellos me agarraron, que nosotros éramos pobres, que no teníamos dinero y que no podíamos pagar, pues a mí me dejaron ir a los ocho días, ocho días de estar allí, pero eso sí, la comida que daban allí era un platito de arroz y con frijoles, sólo eso, dos tiempos nomás, nosotros ya estábamos débiles, yo es taba sentado y cuando me levantaba, yo miraba una nube gris, nubes negras y estrellitas de la debilidad que tenía, ya a los ocho días me dejaron libre y me fui para la Casa del Emigrante, ya le conté la situación a la madrecita, allí me tuvieron cuatro días creo, cuatro días en la Casa del Emigrante, ya después decidí agarrar rumbo de nuevo. Iba a buscar la frontera de Matamoros, entonces cuando voy caminando me encuentro con un catracho, ya me preguntó él que de dónde era.

Le dije que era de Costa Rica, y entonces me dijo: No, vos sos de Honduras, ya le dije sí, soy de Honduras, entonces ya me dice: Yo también soy de Honduras, pero ya tengo tanto tiempo viviendo aquí, tengo un cuarto, pero no me dijo dónde, cómo no lo conocía le dije: estoy al quilando un cuarto, y ahí me dice: si quieres vamos, te voy a dar comida y para que te vistas, entonces me fui yo allí, dormí esa noche allí con él, me dio chance de quedarme una semana creo, y allí mismo donde él estaba trabajan do me consiguió chamba a mí, entonces empecé a chambear, me pagaban 1 200 lempiras, 200 pesos a la semana, entonces un día quiso tener bronca conmigo, yo tenía un block de comida, entonces él se me cuadró y también me le cuadré, allí en el mismo trabajo había otro catracho, que me dice: loco, cuando quieras visitarme, entonces ya lo fui a visitar y la plática fue de que si yo me podía ir a quedar con él en el cuarto que él estaba alquilando, ya me dijo él sí, no hay problema, entonces pagamos 400 pesos mensuales, 200 pesos cada uno mensual, entonces allí comprábamos la comida todo tranquilo, ya la última semana, que ya la chamba se estaba acabando, entonces decido yo cruzar el río Bravo, entonces lo [que] gané lo cambié a dólares, ya con los dólares compré bebida, agua, y brincamos el río Bravo.

Ya en el río pues lo cruzamos bien; la migra andaba de aquí para allá, y vamos caminando por la orilla de una laguna que hay por allí, y nos fuimos caminando por allí y vemos que la migración viene por allá, así nos clavamos en el monte, nos clavamos allí y se paró la migración como estábamos hasta adentro no nos pudieron ver, entonces comenzaron a hablar en inglés, no sé qué decían, prendía la troca y le daba para adelante y para atrás, pero nosotros los estábamos viendo. Lo ha cían para que nos confiáramos y creer que ya se habían ido, pero los estábamos viendo, entonces cuando ya se van, echamos a correr y sólo había un puente peatonal, el carro no podía pasar, entonces pasamos el puente y seguimos corriendo y nos fuimos caminando, caminamos esa vez dos días y una noche, ya fue cuando yo le hablé a mi hermano, ya le di la dirección y todo, pero no pudo venir hasta donde estaba yo, porque hay un chequeo, de aquí para allá en San Antonio, entonces nos dijo que sí podía venir pero que no se podía regresar porque no tenía papeles, –ah bueno– entonces ya nosotros seguimos caminando ya faltando como cincuenta o sesenta millas para llegar a San Antonio, nosotros ya no teníamos ni agua ni comida, en una parte solitaria fue cuando nos agarró la migración, ya cuando le hablamos a él y le dijimos que ya estábamos con la migración el patrón de él nos fue a traer donde estábamos, porque él era residente, pero nosotros ya estábamos con la migración, hasta allí nomás llegó el potrillo.

 

PJ: ¿Y éstos chavos que dices que los agarraron allá en Tenosique, qué as pecto tenían, muy jóvenes?
AV: Mire, todos eran chavalos, eran así como de unos 18 a 25 años.

 

PJ: ¿Qué acento tenían?
AV: Tenían acento mexicano todos, pero entre ellos había uno que le decían: Eh vos, chapin, y empezaron a decir malas bucaradas [palabras]: ¡Qué pedo con vos!, uno era el que me hacía la llamada. Le logré ver una cicatriz en el cachete como del lado izquierdo, por aquí, y al muchacho que portaba la pistola le miré que tenía un tatuaje en la mano derecha que era como un aguilita pequeña, por el dedo gordo en medio. Era fornido y trigueño, pero nosotros no los podíamos ver a ellos porque nos decían ¡No nos miren a los ojos si no quieren que les quiebre la madre ahorita!, por eso nosotros agachábamos la cabeza. Me logré fijar cuando él me dijo ¡Marca!, fue allí cuando me fijé de la cicatriz y al chavalo cuando él tenía agachada la mano de la cabeza le logré ver el tatuaje en la mano.

 

PJ: ¿Qué figura tenía?
AV: Era como una águila.

 

PJ: ¿No viste alguna otra cosa, un número?
AV: Ah, sí, el número, cuando estaban llamando para mi casa. En mi casa guardaron el nombre, el que se lo iban a mandar, el dinero, que supuestamente les dieron una dirección de Emilia no Zapata, allí en Tenosique, creo que de Electra, a nombre de tal persona. Mi mamá apuntó el nombre, y tiene el número de ellos. Entonces cuando nosotros fuimos a hacer la denuncia, que fuimos los tres que estábamos secuestrados, le dimos el número de la persona y el nombre, el número de celular a la PGR, y ellos dijeron que iban a investigar supuestamente, iban a averiguar, porque las personas que nos dieron el nombre, nos dieron el nombre completo. Me imagino que los de la PGR los buscan en el registro de las personas, tal vez están con ellos, y ellos mismos nos dijeron a nosotros que casualmente siempre hacen eso.

Bueno, el día que nosotros llegamos allí, llegaron otros que les hicieron lo mismo, y venían dos salvadoreños, un hombre y una mujer, pero chavalos, y un hondureño, y a la chava la habían dejado porque la querían violar, que a ellos los habían soltado. Nosotros les dijimos que denunciaran, porque entre más denuncias, la policía puede actuar, pero ellos no querían poner la denuncia, porque allí ocho de cada diez personas son asaltadas, allí en ese punto, ese es el punto fijo de ellos, de ellos mismo salieron, ya allí nos dijeron: esto les pasa a ustedes porque están caminando de noche, porque en la noche es peligro so, porque nosotros que hemos venido hasta aquí, hasta antes de túnel de Jesús de Nazaret, allá llegamos en la noche, cuando nosotros viajamos de día no nos pasa nada porque nosotros, todo mundo ve, cuando pasamos por lugares solitarios hay más visualización, y por eso no nos pasa nada, lo peligroso es viajar de noche, bueno la migración, a la migración ya no le tengo miedo porque la migración lo único que va a hacer es deportarnos para nuestro país, pero a que te agarre un ladrón sí está cabrón.

 

PJ: ¿Hijos, tienes?
AV: No.