Testimonio de Rubén Antonio Pineda Pinto, migrante hondureño
Alfredo Nieves Medina
Testimonio de Rubén Antonio Pineda Pinto, migrante hondureño.
Con el propósito de enriquecer al Archivo de la Palabra "Jesús García Corona" el personal responsable del mismo se dio a la tarea de entrevistar a algunos migrantes que hacen uso del ferrocarril, conocido Como La Bestia. En esta ocasión Alfredo Nieves Medina, jefe de Departamento de Planoteca, nos ofrece la entrevista que realizó el 23 de febrero de 2015 al migrante hondureño Rubén Antonio Pineda Pinto, quien a su paso por el albergue La Sagrada Familia de Apizaco accedió a compartir sus experiencias.114

Transcripción del testimonio oral
(duración 00:29:54)
AN: Buenos días, ¿me puedes decir tu nombre?
RAPP: Rubén Antonio Pineda Pinto.
AN: ¿Me puedes decir tu fecha de nacimiento?
RAPP: 16 de junio de 1972.
AN: ¿De dónde eres?
RAPP: De San Pedro Sula, Honduras.
AN: ¿A qué viniste a México?
RAPP: Mira yo... a México..., voy pa' Sinaloa, si Dios 10 permite, verdad. Ahí si Dios quiere, y que yo llego, voy a buscarme un trabajito y me voy a quedar trabajando ahí, ah. Porque yo soy mecánico, soy soldador y quiero ver si encuentro un trabajito más para allá arriba. Ahorita nos pusimos allá en Sayula [estado de Veracruz], a hacer un tren..., este cómo se llama, un circo. Nos pusimos a trabajar, un circo, de esos cómo se llama, el nombre, cómo se llama el circo este, pero la cosa es qué lo armamos. Nos contrataron ahí.
En Sayula nos contrató un maestro que estaba comiendo ahí, nosotros le llegamos a pedirle un taco, ¿jefe, nos puede apoyar con un taco? ¿Quieren trabajar?, nos dice él. Sí, claro que queremos trabajar. Vete a armar un circo, allá tú, cómo se llama el circo que tiene leones, tiene un hipopótamo, tiene caballos, y tiene un camello, y tiene caballo también grandote. Les vamos a pagar 250 diarios, pero es de armarlo. Cuando ya esté todo armado el circo, nosotros les pagamos, nos dice, porque éramos tres.
Vaya, pues nos vamos, ya a comer, ¿o no?, Deles comida, dice nos invitó a comer en el comedor, ya de ahí nos llevó en el carro al circo. Miren aquí vamos a hacer el circo, ya nos topamos con otros tres batos que estaban ahí, que eran ayudantes de ellos. Empezamos a bajar a aquel gran hierro, tres días, nos levantábamos a las siete y eran las diez, once de la noche, y ya párenle y vayan a descansar, dice, y nosotros trabajando.
La cosa es que cuando ya está hecho el circo, va pues jefe, le digo yo, misión cumplida, no me dice aquí te vamos a pagar la semana. No quedamos en eso, verdad. Usted ya tiene su edad, quedamos que cuando ya estuviera hecho el circo usted nos iba a pagar. Pero como están los federales en la esquina, esos, a un lado donde está la policía, está el centro educativo, en medio esta Sayula, el centro que está ahí.
No me dice, es que a la semana les vamos a pagar. No, es que no quedamos en eso, ahora que ya está el circo. Usted dijo, cuando termináramos de hacer el circo, cuando ya estuviera la canica hecha y todo, usted nos iba a pagar a nosotros. Ya si nosotros queremos, si nace de nosotros seguir trabajando, seguimos trabajando. (Ruidos del paso de un tren de carga].
Tres días que no nos ha dado ni un peso, ni ha dicho, muchachos ahí están cincuenta pesos para que se echen un refresco, yo no sé, una galleta, nada nos ha di- cho usted. Mire ya está hecho el circo, ¿verdad? Ya estaba empezando a entrar la gente y todo eso. Les vamos a dar un traje negro, nos dice. No, a nosotros no nos van a dar un traje negro Miré nosotros lo que queremos es que nos pagué los tres días que llevamos aquí. Ya después, si a nosotros nos conviene, nos quedamos trabajando. No, me dice. ¿Sabe con cuánto nos salió?, con cuatrocientos pesos.
AN: ¿Por tres días?
RAPP: Por tres días. Pero te estoy ha blando de armar un circo, carpetas, fierros, poner unos clavos, un taladro, poner la carpa arriba, poner..., por que como es trapecio, hay que unirlas, ¿cómo le llaman?, los hierros esos, cuatro, bueno. Nos llevamos ahí, vaya, les voy a dar cuatrocientos pesos a cada uno, dice, pero se me tienen que ir, dice.
Es lo que le digo. Mire, cuando usted nos contrató, no estaba enoja do, así corno está ahorita, quedamos que doscientos cincuenta, mira, de siete que son las diez, once de la noche, y todavía te seguimos trabajan do, le digo, por querer armar, porque usted quiere que este rápido este circo para el sábado era un miércoles. Pasamos miércoles, jueves, viernes y como el sábado empezarnos a poner las champas, a taparle y a ponerle la otra champa arriba, me dice subí todos para allá arriba, porque el circo lleva unos lacitos, le dijo, porque tiene una rajadura. Vaya, nos salió con cuatrocientos pesos, y ya no los quiero ver aquí. Imagínese, después de que usted nos contrató, nos habló bien, ahora está enojado con nosotros.
AN: ¿EI motivo de venir a México?
RAPP: Mire padre, porque allá en Hon duras, la mera verdad, la vida está muy dura. Está muy, muy dura, no le digo que no se puede vivir, allá a no sea que uno tenga un dinero, va, ponga su negocito, pero no puedes comer un pues tito de comida, porque ya llegas, pones una chiclera, ya sí no llegan estos, Los Mareros, los trece, los diez y ocho, o llegan los asaltabancos, los secuestra dores, ya te dicen: ¿Y a ti quién te dio permiso para que pusieras ese negocio ahí? Sabes que aquí nosotros somos Los Olanchanos, aquí nosotros, ahí donde viven Los Cabañas, tiene cabañas, esta zona nosotros las mandamos. Si quieres tú, vender aquí tienes que pagarnos una renta y sino no vas a vender, te vamos a matar si no nos haces caso. Tienes que pagar, por semana, dos cientos, trescientos, a según, verdad Ellos van mirando, ponen a otro bato, va a checar vos cuánto hace este hombre por día y nos vas a decir cuánto hay que cobrarle por semana. Entonces la vida está muy dura.
AN: ¿Y allá en Honduras qué hacías?
RAPP: Ahí trabajaba en el mercado, como mi hermano, que tiene un puesto donde vende sandías, melones, vende naranjas. En el mercado Medina, llegaba a ayudarle a él, ahí. Pero por cuestiones de equis cosa, o problemas que a veces se mete uno también, no falta quien se meta con uno, y uno a veces se mete en problemas también, pero no salí por esa razón. Y por eso son una de las razones que ahorita la vida esté muy dura en mi país, por cuestión de los Maras y los Olanchanes, una pandilla que se llama los Olanchanos.
AN: ¿Los qué?
RAPP: Los Olanchanos, son de Olan cho, así como si digamos son de Sinaloa, Culiacán, Mazatlán. Allá se llaman Olanchanos, que son de Olancho, Santa Bárbara, Santa Rosa de Copán y Ocotepec, ahí están ellos, y esa gente pues en realidad no te quiere dejar hacer nada, y más si estás tatuado como yo. La vida se nos ha puesto un poco más dura, porque a veces por uno pagamos todos.
AN: ¿Por dónde entraste a México?
RAPP: Ahorita entré por Tapachula. De Tecún Umán [ciudad fronteriza de Guatemala] a Tapachula, Hidalgo. De Tecún Umán a Hidalgo, y de ahí me tiro para Tapachula.
AN: ¿Y el viaje cómo ha sido hasta Apizaco? ¿En qué?
RAPP: Caminando, en bus, en tren casi el tren, la mera verdad, hasta ahorita lo agarré, de aquí de Orizaba a Apizaco, pero de ahí sólo me he venido en bus, en camión y caminando, en bus, en camión y caminando, porque ahorita la migración allá abajo, bueno está brava, no cualquiera llega a este lugar ahorita.
AN: ¿Están deteniendo mucho?
RAPP: Uf, desde que empecé en Tapachula, ¡Viva México!, ahí está la primera, en Huehuetán ahí está la Otra, antes de llegar a Huixtla te tienes que bajar, convenir con el de la combi, pagarle el pasaje y darle unos veinte pesos más para que te deje dos kilómetros atrás y tirarte pa’ lo infinito. Digamos un kilómetro, dos kilómetros, te bajas acá, y rodeas, te tiras allá por los potreros. Ellos son buena onda, los señores que viven ahí, porque uno..., ¡Métase por acá muchacho!, hasta le dicen a uno métase por acá va a salir por allá.
Y sí, ha sido duro, y más con este accidente que tuve. Yo venía con las muletas, porque no podía caminar, traía un yeso aquí. Me vio una señora ahí, en Arriaga, pe gado a las vías, donde vendía sandías, ella vendía mangos, me miró Con las muletas. Seño, le digo, tengo hambre, regáleme unos mangos. Sí hombre, me dice, agárrate unos mangos, llévate unos tomates y llévate una sandía. Y nos pasamos así para el frente, pues la cosa está de que cuando yo pongo las muletas así, ya me paro, ya podía caminar un poquito. Ah entonces ya me voy, ya puedes caminar me dice, mira, me dice, yo tengo un hijo, me dice, que tiene el pie cortado, me dice, véndeme las muletas, me dice, porque en el tren allá te las van a robar o te las van a perder y para agarrar el tren va a estar muy duro, porque las tienes que llevar así. Entonces, la cosa está deme doscientos pesos.
Mira, me dice, la mera verdad de las cosas yo soy luchadora me dice, y llegó el hijo de ella, cortado el pie, te voy a dar cien pesos, te voy a dar, está bien, madre, le digo, agarre las muletas. Agárrate otra sandía ahí me dice y llévate este, me dio unos siete mangos, y me dio una sandía y me dio dos melones, y me dio los cien pesos. Gra cas, güero, me dice. No, gracias a usted, le digo. Y de ahí me vine para Cintalapa, ella misma me dijo.
AN: ¿Por las muletas te dio eso?
RAPP: Por las muletas,
AN: Y ¿ya podías caminar bien?
RAPP: Sí, porque ya puse las muletas y me paré y empecé a caminar un poquito. Ella me miró y me dijo no, pero sí puedes caminar, me dice, las muletas para mi hijo. Y se las di porque el hijo de ella estaba cortado. Y yo en realidad de las cosas allá en Pijijiapan iba a agarrar el tren, pero ando con las muletas así, mira: llevo las muletas, llevo la mochila, digo yo no sé y el tren tutu tututu, puta, digo yo no sé, alguien me jaló de aquí atrás, mira, yo no sé, porque llevo las muletas, sí agarro el tren con una mano, bien me arrastra o me mete abajo.
Gracias a Dios no sé qué pasó, alguien me jaló así, como diciendo no te subas, no me subí. ¿Qué es 10 que hice?, me vine para acá donde el padre, el padre me regaló cincuenta pesos, y ya le dije: Mire padre esto y esto y esto ¿Y cómo te vas a subir así con las muletas al tren? Mira cómo andas, me dice, y Si tú lo agarras, eso fue la mano de Dios, que mandó a su ángel y te agarró por detrás me dice, porque a lo mejor una cosa peor te hubiera pasado.
Para empezar, llevas las muletas, así el tren tú sabes que uno tiene que agarrarlo con las dos manos y brincar, y de volada, porque si no te come, pues. Pues me regaló cincuenta pesos, ahí pasa la combi, me dice, te voy a regalar una cobija para que te quedes durmiendo, en la mañana a las cinco no hay migración, me dice, ahí se ponen de nueve para abajo, la primera combi que salga te va a cobrar veinte pesos, me dice, te va a llevar a Tonalá, y ahí te bajas. Y sí ahí me bajé, en Tonalá, me fui para el parque, estuve en el parque, fui a la iglesia, el padre me regaló cincuenta pesos y me vine otra vez en la camioneta. Me dice vete en la noche, de las siete para allá, vas a llegar a Arriaga.
Fue cuando llegué a Arriaga fui para el albergue de ahí, pero estaban unos muchachos, yo llegué y a ese albergue de ahí. No sé, se pone mal, hay veces que hasta la misma gente de uno no es por la calidad, mira les dan un carguito, ya Se quedan unos días ahí, les dan un carguito, de que cuiden el portón y ya se creen los dueños, más que los dueños. Ah, no les digo yo: ¿qué les pasa? Porque les pedí un poco de agua. ¡Espérate! me dicen, ahí en el albergue de Arriaga, dos muchachos. Es lo que les digo a ustedes, les digo yo ¿De dónde eres, tú?, de Honduras. Ni digas que son de Honduras, compadre, así le digo, ni digas que son de Honduras, yo soy de Honduras, te enojas porque te pido un poco de agua y vengo al albergue, le digo.
No, es que aquí hay leyes y tienes que respetar. Padre, ya tengo cuarenta y dos años, le digo, ya no soy un niño, el respeto ajeno es la paz, como dijo Benito Juárez, le digo. Tú respeta a tu prójimo y él te va a respetar, y a mí no me gustan las bromas ni los juegos y si vengo aquí es para descansar uno, por eso me vine a descansar por unos días, porque mira no aguanto, este, no aguanto la vista ¿Qué será? EI frío.
AN: EI sol.
RAPP: Sí el sol, corno que me encandila los ojos. Pero no sé... cuando salí de Honduras estaba bien de mis ojos, pues, y de repente aquí, cuando llegué a Amapa, de ahí de Escuintla, Amapa, me empezó así, me monté en el tren y ya cuando llegué aquí, de Amapa a Pijijiapan me empezaron a arder los ojos como que es infección en los ojos, yo no sé, algo así. Por el frío, el sol, caminar.
AN: Platícame de tu accidente, coméntame algo de eso.
RAPP: Mira le pedí un raite ahí en Amapa al trailero. Señor mexicano, porque yo estoy en Pemex, en la gasolinera, ahí. Es verdad, deme una moneda ahí, para el pasaje, para la combi, le digo Ahí disculpe señor mexicano. Entonces se paró el tráiler, le digo señor mexicano ¿No me puede dar un raite? Le digo yo. Sí, súbete, me dice. Pues yo me subo, pero como el hombre, está la curva, antes de llegar a Echegaray, el ejército, pasamos el ejército, el hombre se agarra como loco, en el tráiler verdad, y tutu tutu. Todavía le digo yo: señor mexicano, la curva, el contenedor pesa, un Grozni era, rurururuuu, da la Curva, cuando veo el bato todavía, ja ja ja, se echa a reír, a mí me dicen EI Lobo, me dice, ya tengo más de vein te años, andando en la carretera, no te preocupes, no tengas medo. Ahí está la curva, le digo yo todavía, señor mexicano, el contenedor va muy recio, el freno de motor, tutututu, despacio para la vuelta.
Cuando ya mero nos quedamos por la mitad, y miro yo que el hombre no va a parar, vaya pues, le digo, me tiré para el camarote, me tiré para el camarote, porque sabía de qué el vidrio, salgo por acá o salgo por allá. Me tiré al camarote y sólo me agaché así y me acosté en la misma cama. Cuando el hombre da la vuelta, tutu tutu, zas. Gracias a Dios no caímos al río, si caemos al río ya me hubieran comido los gusanos. Sí y así está la historia, de ahí nos llevaron al hospital, ahí estuve sesenta días en el hospital.
AN: ¿Hospital, en qué parte?
RAPP: Ahí en Tonalá. Y me pusieron acá, me pusieron una inyección acá, esto me lo pasaron para acá, pero como no me podían enyesar todo el pie, y aquí hay dos huesitos que uno traía así, el peroné y la tibia, este lo tenía quebrado así, pero no quebrado, quebrado como me dijo el doctor, porque me tomaron una radiografía, mira cómo está tu hueso me dice.
Entonces nosotros te vamos a poner el yeso acá, y el mismo yeso te va a soldar con el hueso, no 10 tenías quebrado, quebrado, nomás está como astillado, pero con el yeso vas a durar sesenta días, me dijo. En una campana que le ponen acá y esta herida no la podemos enyesarte todo el pie, porque se te va pudrir la herida, y me puso el yeso acá.
Y antes de venirme me quitaron ese y me pusieron otro, que ese me lo quité aquí en Amapa, el otro yeso, y la herida ha ido resanando, mira, ya no se mira muy fea como antes, y el pie pues ahí va sanando poco a poco. Este sí me lo enyesaron todo mira.
AN: Pero ese no sufrió nada o ¿también se fracturó?
RAPP: También, mira.
AN: ¿De ahí?
RAPP: Esto quedó así. Este sí me lo enyesaron, pero como no me corté acá así, solo me pusieron el yeso y me pusieron el hueso para atrás, y ahí va sanando.
AN: Entonces ¿cuándo entraste a México? Este accidente ¿cuándo fue?
RAPP: Ahorita hace corno, estamos ahorita en febrero, el 15 de noviembre.
AN: ¿EI 15 de noviembre fue el accidente?
RAPP: Sí.
AN: Entonces ¿cuándo entraste a México?
RAPP: Yo a México entre como en junio, julio, agosto, en septiembre, el 15 de septiembre.
AN: ¿Quién se quedó allá en Honduras de tu familia?
RAPP: Mi mamá se murió el año pa sado. Mi padre se murió en 1992. Allá sólo tengo mis hermanos y mis hermanas.
AN: ¿Ellos están allá?
RAPP: Sí.
AN: ¿Cuántos viajes te has hecho a México de este tipo?
RAPP: He viajado desde muy joven, desde los doce, trece años he viajado. La primera vez no conocía México, ahí me vine con un amigo mío que sí había pasado para acá, el Betunga, se llamaba y andaba, y vámonos para México, ¿Y qué vamos ir a hacer a México? Vamos allá a dar una vuelta. Pero yo pensaba que México era ahí a la vuelta de la esquina.
No cuando empezamos a salir, de allá de San Pedro, nos tiramos para Esquipulas, de ahí a Agua Caliente, ya llegamos a la capital de Guatemala. De Guatemala nos venimos aquí, fuimos a Tenosique, allá por Ceibo Naranjo, Santa Elena, porque por allá brincamos nosotros antes, y simón, ya cuando menos pensábamos estábamos en Palenque, Pénjamo, Veracruz. Ya puf, una sola, antes no había mucho problema, en 1987, 1990.
AN: ¿En el tren viajaban?
RAPP: No.
AN: ¿Autobús?
RAPP: No había ni migración, con eso te digo todo. La migración empezó ahorita corno desde el 2000 para acá, antes no, tú pues te montabas en el bus y sólo pagabas; no había problemas. En Tijuana también, cuando brinqué, estuve en Los Ángeles, también Tijuana no está como ahorita, ahorita hay dos cercos y la migración.
Antes había selva, ahora ya no vas a ver sel-vas, ahora vas a ver las dos torres, y así mira, lisos, tú piensas que no hay nadie y están las broncos arriba, andan a ca ballo también y andan en motos, pero cuando uno salta el cerco este, para poner el primer pie aquí, los gringos, tú sabes los gringos que son muy astutos e inteligentes, han puesto cables aba jo de la tierra hasta allá, hasta Tijuana y hasta Mexicali.
Entonces uno salta el primer cerco, desde que tú pisas aquí, ya tienen como unos televisores allá, y allá te dejan ellos y obvio lo van controlando a uno con la sombra, mira ahí va. Empiezan a hablar: déjalo que se meta, allá lo vamos a agarrar. Y así fue como me agarraron y me deportaron a mí para Honduras.
AN: ¿La primera vez?
RAPP: La primera vez.
AN: ¿Cuántos años tenías?
RAPP: Tenía la edad de quince años.
AN: ¿Pero hasta dónde llegaste?
RAPP: Yo estuve en Los Ángeles.
AN: En Los Ángeles. ¿Y de allá te de portaron hacia México?
RAPP: Mira, tenía quince años, te voy a ser sincero; lastimosamente, verdad cuando uno está joven es muy ignorante de la vida, piensa que el mundo nomás es de uno. Llego allá, sí me gus taba echarme mis cervezas, ir a las discotecas ¿Va? Allá me topé con el Sinaloa, el Alacrán le decían, unos batos de Durango, en el garaje estaba el Chone, él era de Maravilla. Pues va: Catracho, Honduras, aquí estamos, y yo morro, ¿mira te quieres poner a vender coca y marihuana? ¿Pues cuánto me vas a pagar? Aquí está el garaje, aquí Sólo van a llegar gente conocida, me dijo, no hay problema.
AN: ¿Eso era en dónde, en Los Ángeles?
RAPP: En Los Ángeles, en el este de Los Ángeles. Ahí te vamos a dar un cuarto, me dice. ¿Vas a querer chambear con nosotros? Me dice el Sinaloa, un ruco ya acá. Sí ¿cuánto me vas a pagar? Según lo que vendas, me dice, no te preocupes Ahí tenía comida, ahí tenía ropa, vendía y tal.
A los noventa días fue el problema, corno a las dos de la noche yo cierro el garaje, lo bajo el garaje, lo cierro, estoy yo, la Güera y el Henry, como a las dos horas oigo yo que ¡Pum! ¡Le pegan a la puerta del garaje ¡Pum! ¡Pum! ¡Todo mundo hacia el suelo! IAI suelo, al suelo! La maldita policía, los que andan de civiles ¿verdad? Como ya lo están mirando todo el movimiento, ahí voy para el con dado, pero como yo soy menor de edad, [voy] para la juvenil. Hallan la coca, hallan la marihuana y hallan el dinero, y hallan unas escopetas que tenían aquellos allá. Ya se llevan a la Güera. Se llevan al Henry. Ya me van a meter a mí ¿Cuántos años tienes? Dieciséis años. Éste es menor de edad, te salvaste porque eres menor de edad, me dicen.
Me llevaron a la juvenil, allá en la juvenil donde estuve tres días, allá voy a ver al juez, a la corte, ya me empiezan a hacer preguntas, ya llega un investigador, ya llega un a bogado, que si no tienes para pagar un abogado. Que esto y que lo otro, nosotros te vamos a poner uno, ahí hay un bato, uno de investigación, a hacerme preguntas de que quién era acá, qué quién era este, lo otro. Lo peor es que estuve seis meses ahí preso y de ahí me mandaron para Honduras. Y así, me mandaron para Honduras, me castigaron seis meses Y ahorita pues no los he vuelto a ver a aquellos, ahorita, no he intentado pasar. Ahorita que me agarraron en, pasando también por Tijuana, me agarraron y aquí estamos.
AN: Entonces ¿tú ya has agarrado el ferrocarril?
RAPP: Sí.
AN: ¿De dónde a dónde?
RAPP: Hasta ahorita aquí de Orizaba a Apizaco.
AN: De Orizaba a Apizaco, ¿cómo ha sido el viaje?
RAPP: Ha sido duro, hermano. Ese tren es bueno, el problema es el frío que hace en las noches, que no pue des dormir, un frío que bueno...
AN: ¿Qué tiempo hiciste?
RAPP: Pues ahí estaba ahorita en Orizaba, salimos, salimos temprano como a la una, dos de la tarde, allá se quedó el tren corno una, dos horas. Como unas dos horas esperando que pasara el otro tren, y ahí nos venimos y se paró otra vez allá y pasaron otros dos trenes y ayer en la noche que el tren se llevó un carro, chocó con un carro, porque así nos dijeron los garroteros, que pararon el tren.
No, mira, es que el tren se llevó un carro, me dicen, allá nos para ron, antes de llegar a Apizaco, acá, allá por una gasolinera por Pemex, un Oxxo que está más abajo, como a mí me cobraron quince pesos, la combi, y nos venimos ayer, llegué en la madrugada aquí. Allá llegué, me bajé por allá, y allá miré un lugar, agarré un cartón y dije al que está en la gasolinera, Pemex, le dije es que traigo sueño, soy de Hon duras ¿me puedo quedar ahí? Sí, ahí quédate, me dice, te traigo unos cartones para el frío porque hace mucho frío, ya conseguí unos cartones, y en la mañanita me vine preguntando para acá, qué dónde quedaba este lugar.
AN: Ah ¿pero ya sabías del albergue?
RAPP: Y no sabía del albergue, padre yo nunca había estado en albergue, en este, en este lugar, entonces le pregunté a un señor, ahí en la iglesia, mira, me dice, toma éstos veinte pesos, ahí te van a servir para algo dice. Atrás de Cristo Rey, me dice.
Me pasé las vías todavía para allá, y me pasé dos cuadras todavía de aquí, solo mire Cristo Rey, dice, colonia atrás de la iglesia, dice. Entonces agarré: Varón, le digo ¿Dónde queda esto? Me dice pasar las vías para allá, me dice. De allá me tira ron para acá otra vez, vine a la misma iglesia, otra vez y pasó un señor en una bicicleta. Jefe, señor mexicano, disculpe, mire ando para allá y para acá ¿a dónde queda esto? Vente, sígueme y ya se paró allá, yo venía caminando, al fondo métete, al fondo de la vía, y no daba con este lugar, yo no sé lo que me dio llegar hasta el fondo, en eso iba saliendo una señora de una casa, ahí le pregunté: ¿Madre, ¿Dónde está esto?, métete al fondo ahí, me dice, ahí hay un caminito, ahí vas a llegar. Así fue cómo llegué acá.
AN: Y ahorita ¿hasta dónde pretendes llegar?
RAPP: Mira, si Dios lo permite, a mí Sinaloa me gusta, porque ahí los batos son otro pedo, son buena onda, y hay trabajo. Así como me la tiré de soldador, pues me la tiró de mecánico, pues si me toca trabajar de cualquier cosa trabajo, también pegar bloques, pulir, repellar y todo eso yo lo sé hacer también, todo esto yo lo sé hacer también de cualquier trabajo.
Yo lo que quiero es ir a trabajar y ya. Ahorrarme un dinero y el día que me vaya para Honduras, porque ya tengo cuarenta y dos años, ya no soy un joven, ya los años se me han pasado y no he aprovechado, entonces ahorita lo que quiero es ir, si Dios me da licencia, trabajar unos dos años y no vivir en San Pedro, porque no puedo vivir en San Pedro Sula, sino venirme para Puerto Cortés.
Poner cualquier negocito y ya dejarme de esto, porque ya no es para mí. Esto ya no es para mí, estoy cansado. [Ruido de una locomotora pasando] Te cansa, apenas que te va matando un poco, te va matando, te va consumiendo, mira ahorita no aguanto mis ojos.
AN: ¿Y cómo le piensas hacer para lle gar hasta Sinaloa?
RAPP: Mira, aquí dicen que aquí se agarra el tren.
AN: ¿En tren pretendes llegar hasta Sinaloa?
RAPP: O irme a una caseta, donde están los traileros, también, ya más de alguno me tiene que llevar, 0 que me dé un raite para donde vaya y sí me pue do ir en el tren, ahí que Dios me cuide, me voy hasta el DF, llego a Lechería, llego a Huehuetoca, ahí está un albergue, ahí al Basural, como unos tres kilómetros está el Basural y ahí se agarra el tren, el que va para allá, para San Luis Potosí, pero yo no me quiero tirar por San Luis, Monterrey, Matamoros, porque ahí están jodiendo, fíjate, quinientos, mil dólares, sólo por pasarte del río.
AN: ¿Ago más que quieras comentar?
RAPP: ¿Cómo de qué?
AN: Hace rato, fuera de la grabación, comentabas algo que te pidieron los garroteros del ferrocarril.
RAPP: Me robaron ciento treinta y cinco pesos que traía acá, no le digo. Ayer mismo en la noche. Y allá te quieren cobrar mil dólares, por pasar el río, los Zetas, Matamoros, Reynosa, Tamaulipas, y ya llegas a Nuevo Laredo y ellos mismos te van a poner un coyote o un guía para que logres pasar para allá, sino date pa’ tras.
AN: Con dinero
RAPP: Sí, con dinero. Te quieren cobrar seis mil dólares para llevarte a Houston o a San Antonio, y mil dólares si te quieres ir vos solo para pasar el río. Ya si te agarra la migración allá, ahí solo te van a decir más o menos cómo te vas a cruzar el río. Y si no llevas dinero, hermano, si apenas vas pidiendo aquí, un peso, dos pesos ¿cómo les vas a pagar?
AN: Te agradezco Rubén Pineda tu testimonio, y esperemos se cumplan tus deseos de llegar hasta Sinaloa.
RAPP: Si Dios me lo permite.
AN: Gracias.
Algunos datos más...
Rubén Antonio estaba vestido con un pantalón corto, por lo que estaban al descubierto sus piernas y en ellas se observaban huellas recientes de varias lesiones, aún con inflamaciones y suturas en vías de cicatrización. Durante el relato, el migrante mostró señales de varias lagunas cronológicas. Fue evidente que en su memoria ocupa un lugar especial el recuerdo de cuando fue vendedor de drogas en Los Ángeles, California.
Según el portal de noticias, EI Mundo, para enero de 2015 San Pedro Sula, Honduras, era ya la ciudad más peligrosa del mundo, fuera de las zonas de guerra, con una tasa de 187 crímenes por cada 100 000 habitantes. San Pedro Sula es la segunda ciudad en importancia de Honduras, después de la capital, con una población aproximada de un millón de habitantes.
Para la ONG mexicana Seguridad, Justicia y Paz, San Pedro Sula tiene una tasa de 171.2 homicidios por cada 100 000 habitantes, mientras que Caracas presenta una cifra de 115.98 y Acapulco 104.16, por cada 100000 habitantes, por lo que respectivamente ocupan el segundo y tercer lugares de las está dísticas de la muerte.
114 transcripción realizada por César Bringas y revisada por Alfredo Nieves Medina en julio de 2015.