Aumentar tipografía
Disminuir tipografía
Restaurar tipografía
Estaciones

La huelga olvidada: Unión de Mecánicos Mexicanos de 1906

Roy Bernal Brown

La huelga olvidada: Unión de Mecánicos Mexicanos de 1906*

Roy Bernal Brown1
MUREF / Centro INAH Chihuahua2

La huelga más importante del periodo 1890-1933 fue la del 26 de julio de 1906, promovida por los mecánicos de los talleres de Chi huahua. Max Ortega [1997]

Introducción

Cada vez que visitamos la Ciudad de México estamos conscientes de las huelgas, paros, mítines, marchas y demás asuntos de carácter social, que puede implicar ir a la capital, parece ser que ya son parte del tejido social, de lo cotidiano. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre su origen histórico, ni nos percatamos del papel que Chihuahua desempeñó en el desarrollo de la historia laboral del país.

Quizá pensemos que las huelgas son artefactos modernos, productos del pleito permanente entre el obrero y el patrón en una sociedad industrializada, pero la realidad histórica es mucho más complicada y nos remonta a la época colonial. Durante la época preindustrial fue cuando comenzaron a estallar varias huelgas. La primera de ellas, que se ha podido identificar hasta el momento, estalló en la Ciudad de México durante el primer siglo de la ocupación española:

La mayoría de los historiadores del movimiento obrero mexicano considera que la primera huelga de los trabajadores de nuestro país fue la ocurrida en la catedral metropolitana [es decir, la catedral de la Ciudad de México], señalando como fecha de la misma el año de 1582. Cuentan dichos historiadores que ese año, las autoridades eclesiásticas de la catedral de México trataron de bajarles el salario a los músicos y cantores de la misma, porque se les hacía que ganaban mucho. Como respuesta, el maestro cantor, que se llamaba Fernando Franco, su ayudante, que se llamaba Juan Hernández, y el canónigo de la catedral, que se llamaba Alonso de Cija, decidieron no acepar la rebaja a su salario, prefiriendo renunciar. Enterados del hecho, todos los demás miembros del corro, en solidaridad, renunciaron también. No hay que olvidar que estamos hablando de un tiempo [1582] en el que la Iglesia tenía un poder político indiscutible y que, además, tenía el apoyo de la Inquisición, que era un tribunal eclesiástico que fácilmente condenaba a muerte a los rebeldes. Se arriesgaban, pues, esos primeros huelguistas, no solamente a perder el trabajo, sino a ser quemados vivíos [porque ese era el castigo más frecuente que daba la Inquisición] por rebeldes y herejes. Sin embargo, la solidaridad triunfo: ante la firmeza de los renunciantes, las autoridades eclesiásticas tuvieron que reponer en su trabajo a todos; les pagaron salarios caídos, y no les aumentaron el sueldo en lo inmediato, pero tampoco se los bajaron. Fue, pues, una huelga triunfante.3

Bueno, no estoy seguro de que se haya tratado de “una huelga triunfante”, pero lo cierto es que nos indica que un patrón es un patrón, sin importar el tipo de negocio de que se trate, y que ese patrón cree que puede romper un acuerdo previamente establecido. Pero que esta actitud fácilmente puede ser perciba como un ataque no sólo a la dignidad de los trabajadores, sino a su bienestar económico, y por lo tanto suele provocar una respuesta firme; y bien se sabe, como lo anuncia el dicho, que “la unión hace la fuerza”.

Bueno, no estoy seguro de que se haya tratado de “una huelga triunfante”, pero lo cierto es que nos indica que un patrón es un patrón, sin importar el tipo de negocio de que se trate, y que ese patrón cree que puede romper un acuerdo previamente establecido. Pero que esta actitud fácilmente puede ser perciba como un ataque no sólo a la dignidad de los trabajadores, sino a su bienestar económico, y por lo tanto suele provocar una respuesta firme; y bien se sabe, como lo anuncia el dicho, que “la unión hace la fuerza”.

Catedral metropolitana, Ciudad de México

La primera huelga que se ha identificado en el estado de Chihuahua data de mediados del siglo XVIII, y tuvo lugar en las minas del poderoso exgobernador Manuel San Juan y Santa Cruz. Este hombre era un peninsular hábil y ambicioso, que llegó a México en 1702, después de haber tenido una carrera mercantil exitosa en Filipinas. Consiguió San Juan y Santa Cruz establecer el único mayorazgo en el norte de la Nueva Vizcaya, y dominaba la vida económica de su feudo.4

Cusihuiriáchic, Chihuahua CA. 1920

Durante las primeras tres décadas del siglo XVIII, las minas de Cusihuiriáchic, propiedad de San Juan y Santa Cruz, ubicadas a unos noventa kilómetros al oeste de Chihuahua capital, llegaron a producir hasta una cuarta parte de la plata producida en México. Además de proporcionar un buen ingreso para este hombre, esta bonanza provocó una migración de obreros, solteros y casados, provenientes de diferentes partes de la Nueva España. También llegó gente local, como rarámuris, yaquis y apaches; gente de las costas y del centro del país, como mulatos y mes tizos, entre otros. Vale aclarar que unos llegaron a fuerza y otros para aprovechar el ingreso que les proporcionaría la costumbre de la pepena o partida, más que el propio sueldo prometido.5

Sin embargo, en 1730 a Manuel San Juan y Santa Cruz le disgustó tal costumbre, debido a que le quitaba ingresos, y canceló el privilegio de la pepena. La respuesta no se hizo esperar, y no fue lo que él esperaba: estalló la que es considerada como la primera huelga en el Septentrión Mexicano. Además de iniciar el paro, los obreros amenazaron la casa de San Juan y Santa Cruz, si no se les reinstalaba el derecho de pepenar. Las autoridades, al sentirse amenazadas, en corto se echaron para atrás y reinstalaron el orden de las cosas. Sin embargo, a lo largo del tiempo, se le fue restringiendo, en tanto se buscaron otros modos, por ejemplo, el otorgamiento de créditos, para enganchar su mano de obra.6

Cabe recalcar los tres puntos antes mencionados: un patrón es un patrón, y por lo tanto buscará lo mejor para sí mismo, sobre todo si alguien más pagará el costo; un patrón ambicioso suele romper acuerdos laborales sin pensar en las consecuencias para los demás, y el mismo patrón pocas veces respeta a sus obreros a quienes ve como instrumentos intercambiables. Eso refleja un patrón que se repite y que veremos unos 150 años después en las quejas de los miembros de la Unión de Mecánicos Mexicanos son muy parecidos.

La dictadura porfiriana: algo de industrialización y enajenación de la mano de obra.

Porfirio Díaz llegó a la silla presidencial en 1876, después de una trayectoria que promulgaba valores liberales, pero también mediante acciones conservadores. Era negociador y pragmático, dispuesto sólo a ceder cuando hacerlo no le afectara, y decidido a imponer su punto de vista cuando le convenía. Ya bien sentado en la silla presidencial gozó su papel de ser el árbitro supremo. Al principio su meta principal fue lograr la paz social, pero con el paso de los años, sintió que había que construir un México “moderno” y “europeizado”.

Para lograr estas me tas reconoció que se requería de un capital que no existía dentro del país y que había que importar los fondos necesarios. Estaba consciente de que este proceso de modernización iba a implicar un costo a todos los habitantes del país, a unos más y a otros menos; a unos de una manera y a otros de otras, pero él consideraba que era el único camino que el país podía seguir, y desde su perspectiva minimizó los costos sociales y políticos, así como los económicos y financieros. Lo cierto es que él no estaba dispuesto a desviarse de su meta, costara lo que costara. Todos tendrían que estar dispuestos a ceder para lograr el bien común.7

Aunque las primeras concesiones ferroviarias se otorgaron en la década de 1850, no fue sino durante el inter-regium de Manuel González que se impulsaron varias concesiones que llegaron a formar lo grueso de la política de desarrollo económico de Díaz. Hay que recordar que, en aquel entonces, los ferrocarriles eran la punta de lanza de la tecnología, y al igual que sucede hoy, muchos piensan que la tecnología nos puede llegar a salvar incluso de nosotros mismos.8

En 1884, año en el que Díaz regresó al poder, tomó las riendas del país con fuerza y destreza, y de 1884 a 1900 otorgó aún más concesiones de las cuales sólo unas cuantas alcanzaron resultados favorables, pero todo el asunto ferroviario derivó, en 1909, en la creación de la empresa pública consolidada Ferrocarriles Nacionales de México.

Aunque algunos culpan a la devaluación de la plata de 1905, a la inestabilidad y al descontento que se forjaron durante más de diez años de la modificación del contexto político-económico, lo que es innegable es el hecho de que todo esto, en conjunto, se tradujo en el aumento en la disidencia laboral y en una disminución de factibilidad para negociar o conciliar los diferentes intereses.9

Antecedentes de la fundación de la UDMM.

A pesar de la fama que Chihuahua tiene por sus capitalistas durante el Porfiriato [Wasserman 1984 y 1993, y Dale-Lloyd 1988], existían unas cuantas sociedades mutualistas que: aglutinaban a los trabajadores … y … tenían un carácter humanista-religioso.10 Eran sociedades de acopio y apoyo, y no de conflicto o resistencia, pero con el paso del tiempo varias agrupaciones, como fueron los ferrocarrileros, mineros, tejedores, tabacaleros y carpinteros empezaron a exigir demandas estrictamente laborales referentes a los derechos de los trabajadores, aumentos sala riales y salario igual para trabajo igual sin distingos de nacionalidad.11

En 1874 en lo que se reconoce como la primera acción industrial, 36 trabajadores obtuvieron un amparo contra la compañía González, Herrera y Salazar, entonces dueños de una mima en Cusihuiriáchic, cuyos directivos les quisieron pagar parte de sus sueldos en vales. Tres años después, se fundó una Sociedad Mutualista de Trabajadores en Parral de Hidalgo y en 1879, una Sociedad de Obreros en Chihuahua capital. Sin embargo, fue hasta el quinquenio de 1903 al 1908 -una generación después-, que las sociedades mutualistas se proliferaron a lo largo y ancho de Chihuahua. Entonces:

…la mayor parte de las asociaciones eran mutualidades de artesanos y empleados organizadas de acuerdo con los oficios de sus miembros: la Unión Zaragoza de Sastres, la Sociedad Morelos de Carpinteros, la Sociedad Hidalgo de Pintores, la Unión de Canteros y Albañiles, La Sociedad Nicolás Bravo de Panaderos, la Unión de Tipógrafos Gutenberg, la sociedad Católica de Artesanos, la Sociedad Mutualista de Empleados, el círculo Mercantil Mutualista, la Unión de obreras Mexicanas e incluso la Sociedad Coronado, que agrupaba a los presos de la penitenciaría del Estado.12

Con el apoyo de la Sociedad Mutualista de Parral, los trabajadores de la Fábrica de Hilados de Bella Vista, -mujeres en su mayoría a primera- se pusieron en huelga en febrero de 1878 quejándose de la sustitución forzosa de alimentos [frijoles y maíz] de precio excesivo y mala calidad para el efectivo de su sueldo. Como consecuencia, el entonces gobernador Trías solicito al Presidente Municipal de Valle de Zaragoza que se tomara cartas en el asunto. El mismo Trías promovía legislación que, antes del fin del mismo año, prohibía este tipo de sustitución.13 Sin embargo, los dueños decidieron vender la fábrica e implementaron un cierre patronal que dejó a los trabajadores en la calle.14

En 1881, los jornaleros que construían la línea del ferrocarril entre Ciudad Juárez y Chihuahua capital: […] se inconformaron contra la compañía constructora a causa de que el director de las obras pretendió imponer una rebaja del 25% en los salarios. Esto provoco que todos los trabajadores se pusieran de acuerdo paralizando completamente las labores durante unos días, hasta que la empresa dio marcha atrás en la pretendida rebaja.15

En Pinos Altos -hoy Ocampo-, cuando el dueño John Buchan Hepburn -un inglés de abolengo- se sentía presionado por falta de circulante, reducía la frecuencia de pago de los salarios, mismos que pasaba de hacerlos semanales a quincenales, y aún peor, incluso llegó a pagar la mitad en vales que sólo podían cobrarse en su tienda de raya. En los alborotos que esto provocó murieron seis personas, incluyendo al propio Buchan Hepburn.16 Debido a que la medida que las muertes de los trabajadores antecedieron a las ocurridas en Haymarket, Chicago, Illinois por unos tres años, Gastón García Cantú llegó a calificar a estos obreros asesinados como los primeros mártires del movimiento obrero en las Américas.17

Cuando en 1884 se completó el enlace entre Ciudad Juárez y México, el ferrocarril proporcionó el elemento principal para la bonanza económica que dominó el Septentrión mexicano durante los próximos treinta años. Aunque el ferrocarril, en este caso particular el Ferrocarril Central, no tenía ganancias en sí, no hay duda de que facilitó el flujo de personas, materiales e ideas, al punto que no sólo abrió nuevos mercados para nuevos productos, sino que facilitó la consolidación de nuevas modalidades económicas y sociales.18 Como parte de la asimetría que dominaba el modelo industrial entonces vigente, las empresas ferrocarrileras tenían una visión extranjera y una preferencia por trabajadores foráneos.

Favorecían a los empleados extranjeros de cuatro maneras principales: se les asignaron los puestos de mayor jerarquía y sueldos (directivos, gerentes y técnicos); se mantenía el inglés como idioma oficial para la comunicación interna; ellos eran quienes negociaban con las sucursales locales de los sindicatos estadounidenses, Brotherhoods, que sólo representaban los intereses de los empleados extranjeros, además de que se le paga mejor por hacer el mismo trabajo.19 Por ejemplo, en el caso de los mecánicos, según la sede, cuando el mexicano ganaba alrededor de $4.50 por día, el extranjero ganaba $5.50 por el mismo trabajo. En el seno laboral el conflicto se ulceró.

Casa histórica ubicada en la calle 11 Norte 404, donde se asentó el primer sindicato de los ferrocarrileros poblanos. Foto: Abraham Paredes.

Formación de la Unión de Mecánicos Mexicanos.

Esta Unión se fundó del 25 de agosto de 190020 por trabajadores del Ferrocarril Interoceánico en Puebla de Zaragoza, con dos metas explícitas: negociar un aumento de sueldos y eliminar las preferencias hacia los extranjeros. Pronto la Unión fundó sucursales en el Distrito Federal, en Acámbaro, Aguascalientes, Chihuahua, Jalapa, Monterrey, Piedras Negras, San Luis Potosí, así como en los talleres de los Ferrocarriles Central, Mexicano e Interoceánico. La fuerza organizadora fue el masón Teodoro Larrey Ritzinger, procedente de Charcas, San Luis Potosí.21

Con la ayuda de unos masones, Larrey redactó los estatutos de la Unión, mismos que fueron publicados el 10 de septiembre de 1900. Se repartió un tiraje de cinco mil ejemplares a lo largo del sistema ferro viario.

A principios de 1901, los miembros de la matriz de la Unión entablaron una huelga que duró cuatro días, motivada por el encarcelamiento de los dirigentes Luis Suárez y Marcos Silva. Enseguida se trasladó la matriz a la Ciudad de México y se dejó el sucursal número 1 en Puebla, a cargo de Teodoro Larrey. Sin embargo, no duró ni el año cuando un desacuerdo provocó la renuncia de Larrey.22

A dos años de que se fundó la Unión, sólo quedaba en pie la sucursal de Chihuahua, misma que fue nombrada como matriz. Para ella se formó una Comisión integrada por Agustín Arenas, Vitoriano Lojera y Lizardi y Rafael Serrano, quienes trasladaron el archivo de la Unión a la nueva sede de la matriz. A mediados de 1903 se le instaló en el Teatro Betancourt y quedó bajo la responsabilidad de Silvino Rodríguez.23 No obstante, a la una de la mañana del domingo 26 de marzo de 1904 un incendio destruyó gran parte del teatro24 y se tuvo que trasladar lo que quedó del archivo a los altos del Teatro de los Héroes, donde se reinició una campaña para ganar prosélitos, mediante la publicación del periódico La Unión de Mecánicos.25

 

La huelga de 1906.

Durante la última década del siglo XIX y los primeros años del siglo XX, las sociedades mutualistas ganaron popularidad, y los sindicatos de trabajadores mexicanos y las uniones o Brotherhoods de los estadounidenses en México se fueron a huelga en varias ocasiones, casi siempre en respuesta a situaciones locales.26 El 25 de julio de 1906 Silvino Rodríguez y Aquiles Amparán firmaron un llamado a huelga nacional con el fin de eliminar las diferencias de sueldos. Fueron cerca de mil quinientos los agremiados que respondieron al llamado, y se nombraron comités locales para coordinar la suspensión de labores.

A pesar de la presencia de esquiroles húngaros que se pagaron, aún más que a los estadounidenses, los huelguistas cuidaron el orden y no recorrieron a la violencia contra los que seguían trabajando. Otros gremios -como los mineros de Santa Eulalia- los apoyaron con fondos y realizando sus propios paros. La huelga restringía al flujo de carga más que el transporte de pasajeros, por lo que la carga se fue amontonando en los patios y estaciones.

Los huelguistas redactaron un pliego petitorio con 17 solicitudes, entre las que la inequidad de sueldos pasó a segundo término, pero otras cuestiones, como el reconocimiento del sindicato; los horarios y días festivos, así como la reglamentación de las condiciones de trabajo adquirieron prioridad. La homologación de sueldos pasó al punto número once. Como anotó Esther Shabot Askenazi:

[…] la cuestión de los salarios diferenciales entre trabajadores mexicanos y extranjeros pasa en este momento a un plano secundario, lo cual indica una importante radicalización en el corto lapso que va del estallido de la huelga […]. Las demandas de la UDMM […] combativo que rebasa los marcos mutualistas […] El intento de logar la representatividad oficial de los obreros, constituye una de las primeras demandas de carácter político en organizaciones obreras.27

Casi de inmediato, los locales se reunieron para demostrar solidaridad y concertar los temas de interés que se mandaron al Central en Chihuahua por telegrama.

Por otro lado, en Aguascalientes, una comisión local se reúno con el señor Ben Johnson, superintendente de Fuerza Motriz, pero no llegaron a ningún acuerdo. El local en el Distrito Federal emitía una llamada para que se nombrara una comisión que fuera a entrevistarse con el presidente Porfirio Díaz, en su carácter de autoridad suprema.

Talleres mecánicos de Aguascalientes, 1928.

Motivado por la reunión infructuosa que se entabló con el señor Ben Johnson, Silvino Rodríguez nombró a José G. Freese y a Ramón Rodríguez para que se entrevistaran con el vicepresidente Ramón Corral, a quien le solicitarían gestionara una cita con el presidente Porfirio Díaz. Dicha entrevista se llevó a cabo en el Castillo de Chapultepec, donde Porfirio Díaz escuchó su petición y contestó que respetaba las huelgas pacíficas, pero al mismo tiempo los amenazó con usar la violencia, porque los huelguistas no tenían derecho de indicar a la empresa cómo manejar sus asuntos ni tampoco establecer un monopolio de trabajo. En otras palabras, rechazó su derecho de sindicalizar y negociar en con junto. Para Díaz, la protección del capital, fuera nacional o extranjero, era un asunto primordial.

Y cabe destacar que dicho capital, en este caso, aún no veía ganancias. Su visión de futuro del país dependía en un amplio y seguro caudal de capital, y no iba a tolerar ninguna acción ni actividad que pudiera restringir el flujo de ese caudal. Los comisionados salieron de esa reunión sin obtener ningún logro, sólo consiguieron que el presidente se comprometiera a hablar con los directivos del Central para que consideraran la posibilidad de un aumento de sueldo. Pero les quedó muy clara la intransigencia del Porfirio Díaz y las implicaciones de sus amenazas veladas.

Presidente Porfirio Díaz y señora pasando revista durante un concurso de aviación celebrado en la Ciudad de México.

A pesar de que se rumoró que se había girado una orden de fusilamiento en contra de Silvino Rodríguez, cuando éste salió del Teatro de los Héroes fue abordado por unos gendarmes que lo llevaron a entrevistarse con el entonces gobernador de Chihuahua, Enrique Creel, quien lo quiso mandar a la capital del país, pero Rodríguez fue por sí mismo e invitó a los miembros de las diferentes secciones y sucursales para que cada una enviara a un representante para que se reunieran con él. Se reunieron entonces con Ramón Corral, a quien le expusieron su pliego petitorio. Al día siguiente se reunieron también con Charles R. Hudson, vicepresidente del Central y con Ben Johnson, quienes se comprometieron a considerar la posibilidad de otorgar aumentos salariales.

Porfirio Díaz invitó a Silvino Rodríguez a entrevistarse con él para dejarle en claro su punto de vista -y amenazas veladas y directas-, y a pesar del apoyo que proporcionaron otras instancias e instituciones, Silvino Rodríguez recomendó a sus correligionarios que se suspendiera la huelga y que se reincorporaran a sus labores, cosa que en efecto hicieron, ya que retomaron labores el 31 de agosto de 1906, con las siguientes condiciones:

  1. La empresa aceptaría a quienes quisieran regresar, siempre y cuan do no hubiera denuncias de violencia.
  2. Se aumentarían los sueldos de quienes se lo mereciesen.
  3. El señor Hudson prestaría atención y audiencia a cualquier queja o quejoso.
  4. Se redactaría un reglamento interno para que se pagaran a los trabajadores un salario proporcional al trabajo que desempeñan, “sin atender a la nacionalidad del operario”.

Don Ramón Corral y familia.

Aunque los logros eran mínimos, finalmente consiguieron cierta representatividad como institución independiente, y demostraron que pudie ron enfrentar a la compañía y entablar audiencia con la figura suprema. En Aguascalientes los huelguistas se festejaron con una pachanga, y a pesar de su falta de apoyo, se escucharon muchos ¡vivas! para el señor presidente. Para el 15 de agosto todas las máquinas estaban de nuevo en servicio, y la carga amontonada disminuía.

¿Por qué en el Septentrión mexicano?

Cierto es que no ha quedado aún en claro qué evento fue el que precisamente detonó el gatillo de la huelga de la UDMM de 1906, pero sí es incuestionable que existían varios factores geográficos y políticos que proporcionaron una cama propicia.

A partir de 1900, los hermanos Flores Magón iniciaron la publicación de un periódico con tinte anarquista, titulado Regeneración, en el que criticaban a los gobiernos de Estados Unidos y al de Porfirio Díaz. Esta publicación pronto ganó adeptos, sobre todo en el norte del país. En mismo año de 1900, a nivel nacional, los conflictos y la represión correspondiente se agudizaron, mientras que el número de organizaciones laborales fue en aumento de manera considerable.

En 1903 se llegó a constituir el Congreso Obrero y Mutualista de la República, con cerca de treinta filiales distintas que promovían una baraja de ideales sindicalistas.28

Portada del periódico partidista Regeneración.

En muchos casos, la lejanía de la metrópoli resultó desventajosa para los habitantes de Chihuahua. No había duda: “vivir lejos de la firma es vivir en el pecado”, pero en este caso la lejanía resultó una ventaja. El éxito de una red ferroviaria dependía del flujo de pasajeros y mercancía, y su naturaleza innata dio importancia a los nudos grandes y chicos que pudieron fungir como embudos donde se pudo sofocar el flujo de mercancía y pasajeros. Así, aunque con anterioridad se lanzaron huelgas en distintos centros de trabajo de provincia, como Puebla y San Luis Potosí, Chihuahua estaba aún más lejos del poderío metropolitano.

Hermanos Ricardo y Enrique Flores Magón.

Al estar lejos de la sede metropolitana, Chihuahua, al igual que Sonora, se encontraron aún más cerca de la frontera septentrional y entonces susceptible a sus influencias. En ambos estados, había una cantidad de trabajadores que con anterioridad ejercían sus oficios en Estados Unidos, donde participaron en varias actividades sindícales, y esto los radicalizó, ya que se simpatizaron con credos políticos promovidos por agrupaciones como la de los Trabajadores Industriales del Mundo y con el mismo Partido Liberal Mexicano. Es por esto que no sorprende que las huelgas mineras, como la de la Cananea Consolidated Copper Company, que estalló el 1 junio de 1906, haya tenido eco en municipios como Janos, Casa Grandes, Galeana, entre otros, ubicados al otro lado de la Sierra Madre.

Patio de Chihuahua, vista hacia el sur, CA 1928

Durante el segundo semestre de 1906, diferentes agrupaciones del PLM iniciaron levantamientos armados en una franja fronteriza que abarcaba Ciudad Juárez y Guadalupe, Distrito Bravo, Chihuahua; Viesca, Coahuila y Acayucan, Veracruz, ente otros.29

Encabezados por Manuel Macario Diéguez Lara, Esteban Baca Calderón y Lázaro Gutiérrez de Lara, allegados a la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano, el 1 junio de 1906, los trabajadores de las minas de Cananea (Sonora), se declararon en huelga, con un pliego que demuestra su disconformidad con sus sueldos, el trato que recibían, la prepotencia de los supervisores extranjeros y las preferencias proporcionadas a dichos empleados extranjeros. La respuesta fue violenta y se desbordaron las emociones de los trabajadores, tanto a nivel local como regional y nacional.

Collage de eventos y localidades importantes por el huelga de 1906.

A finales de 1906, una oleada de paros y huelgas se dieron en Puebla y Tlaxcala, misma que provocó un paro patronal, que a su vez provocó un motín en las fábricas textiles y en los almacenes de Río Blanco, Veracruz. Este motín estalló el 7 de enero de 1907 y terminó tres días después, con la masacre de más de cuatrocientas personas.

¿Cuál es la importancia de la huelga de la UDMM de 1906?

Aunque se puede contestar esta pregunta de muchas maneras, según el contexto desde la que se planteé, para los fines de este artículo la responderemos dese el propio contexto de la UDMM.

Al nivel local la huelga de la UDMM:

  1. Organizó y dirigió una huelga nacional desde Chihuahua.
  2. Generó el apoyo económico y moral de una gama de organizaciones, agrupaciones y sociedades mutualistas de Chihuahua.
  3. Utilizó de una manera muy eficaz, los espacios públicos, como los teatros ya establecidos en Chihuahua.
  4. Consiguió el apoyo moral del periódico El Correo, dirigido por Silvestre Terrazas.
  5. Reforzó al PLM.

Al nivel nacional la huelga de la UDMM:

  1. Incluyó a trabajadores de distintos gremios, compañías, estados y localidades desde el centro de la Republica hasta la frontera septentrional, por lo cual se puede considerar como la primera huelga nacional.
  2. Sin ser adeptos del anarquismo, seguía las pautas del PLM.
  3. Al madurar, la huelga concretó las quejas de los obreros mexicanos en detalles que rebasaban las preferencias laborales y económicas de los trabajadores extranjeros.
  4. Se consiguió el apoyo económico y moral de otras instituciones, sociedades mutualistas y agrupaciones laborales.
  5. Se mantuvo la disciplina sindical, mediante el uso de la red telegráfica.
  6. Se rechazó la violencia.
  7. Se obtuvo el reconocimiento implícito del presidente Porfirio Díaz y de los empresarios aliados.
  8. Se opacaron las huelgas de Cananea y Río Blanco por su violencia.
  9. Al carecer de facetas violentas, no se prestó a la narrativa posrevolucionaria que se utilizó para legitimar al PNR y subsecuentemente al PRI.
  10. Aunque no logró sus metas específicas, constituyó un paso importante en el camino obrero hacia la Revolución mexicana.

En otra ocasión, se podrá discutir esta pregunta en los contextos específicos de la frontera internacional y la respuesta nacional a las primeras incursiones de las trasnacionales; en relación con el movimiento obrero mexicano y / o chihuahuense; con el movimiento anarquista mexicano y con el desarrollo del Partido Liberal Mexicano.

También podrá responderse desde la perspectiva de la transición de sociedades mutualistas (agrupaciones de apoyo y acopio) a sindicatos (movimientos de lucha y conflicto), o como antecedente a la Revolución mexicana. Cada con texto exigirá una respuesta distinta.

Referencias

1 El autor quiere agradecer a las siguientes personas por el apoyo que me brindaron tan amablemente: Carolina Casanova, Ricardo León García, Francisco Mendiola, Claudia Rivers, Jesús Vargas Valdez y Dizan Vázquez Loya.
2 Av. 16 de Septiembre y Av. Juárez, Centro Histórico, Ciudad Juárez, Chihuahua, México, CP 32000.
3 Anónimo, Conferencia 17: “Historia del Movimiento Obrero Mexicano”, en Movimiento Antorchista: Conferencias obreras, t. II, junio de 1989. En: http://www.antorchacampesian.org.mx/libroso/conferobreras2/conf017.html
4 Ver: Susan H. Deeds, [1998] “Colonial Chihuahua: Peoples and Frontiers in Flux”, en Robert H. Jackson (ed.), New Views of Borderland History. Albuquerque, N. M., University of New Mexico, 1998, pp. 21-40, y de la misma autora: Defiance and deference in Mexico’s colonial north: Indians Under Spanish Rule in Nueva Vizcaya. Austin, Texas, University of Texas, 2003.
5 Idem.
6 Idem.
7 Paul Garner, Porfirio Díaz: del héroe al dictador. Una biografía política. México, Planeta, 2009.
8 Roy B. Brown, La introducción y desarrollo del ferrocarril en el norte de México. Ciudad Juárez, Chihuahua, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, 2009.
9 Paul Garner, British Lions and Mexican Eagles: Business, Politics, and Empire in the Career of Weetman Pearson in Mexico, 1889. Palo Alto, California, Universidad Stanford, 2011; del mismo autor, Porfirio Díaz: Profiles in Power. Londres, Inglaterra, Routledge, 2014; María Eugenia Romero Sotelo, La larga controversia sobre la devaluación de la plata en México: bimetalismo versus patrón, en Segundo Congreso de Historia Económica. México, Facultad de Economía. México, UNAM, 2005. En: http://www.economia.unam.mx/amhe/memoria/simposio12/Ma.%20Eugenia%20ROMERO%20SOTELO.pdf Consultado el 3 de junio de 2014, y Jesús Vargas Valdez, “Chihuahua: Reseña Histórica del Sindicalismo, Fragua de los Tiempos”, en El Heraldo de Chihuahua, martes 24 de enero de 1989, y del mismo autor, “Chihuahua. Reseña histórica del sindicalismo: El mutualismo y algunos datos estadísticos”, parte II, “Fragua de los tiempos”, en El Heraldo de Chihuahua, miércoles 25 de enero de 1989.
10 Jesús Vargas Valdez, “Chihuahua. Reseña histórica del sindicalismo: el mutualismo y algunos datos estadísticos”, parte II, “Fragua de los tiempos”, OP. cit.
11 Pedro Salmarón Saginés, 2008. En: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-26202008000100003, p. 5. Consultado el 23 de mayo de 2014
12 Idem.
13 Idem.
14 J. Vargas Valdez, “Las mujeres de la fábrica Bella Vista”, en Boletín UEHS, núm. 32. Ciudad Juárez, Chihuahua, México, Unidad de Estudios Históricos y Sociales, Extensión Chihuahua, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, marzo de 2005.
15 J. Vargas Valdez, “Chihuahua. Reseña histórica del sindicalismo”, parte I, “Fragua de los tiempos”, OP. cit., p. 2. 17 Idem.
16 Idem.
17 Gastón García Cantú, El socialismo en México. México, Era, 1969.
18 Roy B. Brown, op. cit.
19 Anónimo, “Railway strike in Mexico”, en New York Times, 17 de agosto de 1887; Servando Alzati, Historia de la mexicanización de los ferrocarriles nacionales. México, Editorial Beatriz Silva, 1946; Esther Shabot Askenazi, “La Unión de Mecánicos Mexicanos y la huelga de 1906”, en Memoria del Segundo Coloquio Regional de Historia Obrera, t. 11. México, [Mérida, Yucatán, 3 al 7de septiembre de 1979], Tomo 11, Centro de Estudios Históricos de Movimiento Obrero, y de la misma autora Los orígenes del sindicalismo ferrocarrilero. México, Ediciones El Caballito, 1982.
20 Anónimo, 2010. En: http://www.lajornadadeoriente.com.mx/imprimir2.php?fecha=20100422&nombre=cul315.php&seccion=p23 Consultado en mayo de 2014
21 Teodoro Larrey Ritzinger (1871- ¿?) Líder sindical, nació en Charcas, San Luis Potosí. Fue el iniciador del Movimiento Sindical Ferrocarrilero y trabajador ferrocarrilero desde 1888, actividad a la que también estaba dedicado su padre. Gozaba de la confianza de la empresa, por su calidad de hijo de extranjero, pero se daba cuenta de las condiciones de los trabajadores mexica nos. En 1899, con la ayuda de la masonería, planeó organizar e hizo el proyecto de la Unión de Mecánicos Mexicanos en Puebla, Puebla, misma que logró fundar en el año de 1900. Participó de manera activa en el movimiento para la nacionalización del personal ferrocarrilero y para cimentarlo promovió el establecimiento de escuelas para los empleados de los ferrocarriles, a fin de que estuvieran capacitados para el manejo del sistema. Fue un hombre de iniciativa, que inventó un sistema para ahorro de combustible de las locomotoras y fue también el primer fabricante de placas para autos que se hicieron en México. En su honor se levantó un monumento en la ciudad de Puebla en el año de 1950. En: http://www.e-local.gob.mx/work/templates/ enciclo/EMM24sanluispotosi/municipios/24015a.html. Consultado el 23 de mayo de 2014; Pedro Salmerón Saguinés, 2008. En: [http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-26202008000100003]. Consultada el 23 mayo de 2014. También ver: S. Alzati, op. cit., y E. Shabot Askenazi, “La Unión de Mecánicos Mexicanos y la huelga de 1906”, op. cit. En palabras de P. Salmerón Saguinés: “Estos trabajadores no vivían en las terribles condiciones inherentes a la etapa de acumulación original del capital, porque la escasez de mano de obra permitió que gozaran de salarios relativamente altos y de condiciones relativamente favorables”, ibid., p. 2. Así, los chihuahuenses localizaron nuevos mercados para sus productos y podían conseguir productos exóticos que hasta entonces habían tenido precios exorbitantes o eran inaccesibles por el costo de su traslado. Tal es el caso de la exportación de carne y de la importación de materiales de construcción. En ambos casos, el éxito dependía en tener el capital o el crédito disponible para vender o comprar en mayoreo, además de una visión emprendedora. Por compaginar con su visión centralista y autocrática, la narrativa oficial vigente hasta hace poco usaba el caso del general Terrazas como ejemplo ilustrativo, a pesar de estar lejos de la situación social, económica o política de la mayoría de los chihuahuenses, quienes sólo tuvieron acceso a migajas económicas. De igual manera, trajo trabajadores –no peones, pero trabajadores industriales. Antes que estallara la huelga de 1906, el Ferrocarril Central contabilizó más que cinco mil empleados de diferentes calidades, distribuidos en varios centros de trabajo, desde la frontera hasta la Ciudad de México. Aunque a veces sus actividades eran artesanales, su trabajo ya era industrial. No controlaban ni el producto ni sus labores. No producían productos para vender, pero mantenían el equipo que proporcionaba un servicio que era ofrecido por otros. En gran medida, se sustituía uno por el otro, sin consecuencias. Era una relación muy asimétrica en la que la empresa especulaba con la mano de obra de sus trabajadores.
22 E. Shabot Askenazi, “La Unión de Mecánicos Mexicanos y la huelga de 1906”, op. cit.
23 Idem.
24 J. Vargas Valdez, “Chihuahua. Reseña histórica del sindicalismo: el mutualismo y algunos datos estadísticos”, parte II, “Fragua de los tiempos”, op. cit. 26 E. Shabot Askenazi, “La Unión de Mecánicos Mexicanos y la huelga de 1906”, op. cit.
25 E. Shabot Askenazi, “La Unión de Mecánicos Mexicanos y la huelga de 1906”, op. cit.
26 P. Salmerón Sanginés, 2008. En: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-26202008000100003. Consultado el 23 de mayo de 2014.
27 E. Shabot Askenazi, “La Unión de Mecánicos Mexicanos y la huelga de 1906”, op. cit., p. 201.
28 Jane Dale-Lloyd, El proceso de modernización capitalista en el noroeste de Chihuahua, 1880 1910. México, Universidad Iberoamericana, 1988.
29 En: http://www.fte-energia.org/sdp/bol159.pdf. Consultado el 25 de junio de 2014.