Primera parte de la entrevista al David Escalante, ferrocarrilero jubilado conductor del exprés.
Primera parte de la entrevista al David Escalante, ferrocarrilero jubilado conductor del exprés.
La entrevista que se presenta forma parte del archivo de la palabra “Jesús García Corona” que hasta el momento cuenta con alrededor de ochenta entrevistas levantadas a trabajadores jubilados y en activo de las ciudades de México, Distrito Federal; Puebla; Apizaco, Tlaxcala y Oriental, Puebla; así como a migrantes que hacen uso del ferrocarril. Esta entrevista la realizaron Alfredo Nieves y Patricio Juárez, Jefes de los Departamentos de Planoteca y Archivo Histórico, respectivamente del Cedif, al señor David Escalante, ferrocarrilero jubilado conductor del exprés, el 13 de diciembre de 2013. Cabe señalar que debido a su extensión se dividirá en dos partes. Aquí la primera.
PRIMERA PARTE
Patricio Juárez (P. J.) / Alfredo Nieves (A. N.)
P. J. ¿Cuándo nació usted?
David Escalante (D. E.): El 20 de marzo de 1928.
P. J. ¿Quiénes fueron sus padres?
D. E. José Escalante, que también fue ferrocarrilero y formó una banda, era parte de una banda que existía aquí, una banda de música, aquí formaron una orquesta que se llamaba “Orquesta Sección 3” y les hacía falta un contrabajista, entonces mi padre tocaba el contrabajo y entró, no recuerdo yo en qué año. Pero yo ingresé a Ferrocarriles en 1945, estuve de chícharo tres meses, de septiembre a noviembre, y en diciembre me dejaron asentar escalafón, como documentador, y ya empecé a trabajar, como documentador allí en la oficina que se conservaba abajo de la escalera; allí empecé a trabajar, ya después se ofreció una vacan te, de temporal, en Apan, porque el señor se había sacado una lotería, una lotería chica, y entonces pidió permiso.
Estábamos tres chícharos, era difícil, pero yo sí me aventé y me fui a trabajar a Apan como mes y medio. Fue en diciembre y de allí me movieron, salió otra vacante en Pachuca, Hidalgo, y me fui a trabajar para allá, pero después se acabó la vacante y me vine para acá y hubo una en Puebla, allí en Puebla estuve un tiempo largo, allí conocía a mi esposa. No recuerdo en qué año, en el tiempo de Vallejo me tocó reajuste, todo el tiempo que estuvo parado el ramal estuve yo fuera del trabajo, pero le dieron oportunidad al jefe de estación que escogiera su personal para que volviera a funcionar el tren y me invitó. Anteriormente traíamos un cargador aparte de nosotros para venir manejando el flete.
Traíamos un cargador que se encargaba de acercar y meter el flete y uno le decía ponlo aquí o ponlo allá, pero el día que me invitó me dijo que ya no iba a haber un cargador, que yo tenía que hacer todo el trabajo, y en ese tiempo cargar un muchas cajas con municiones, no sé de donde lo trajeron, pero como aquí hacía conexión con el ramal de Puebla, me subieron como cincuenta cajas de cartuchos.
Muchos, como yo ya no tenía maña de cargador y no estaba acostumbrado, pero como sea los metí, hasta Puebla creo que iba. En 1956 o un año antes conocí a mi esposa que iba allá a dejar la comida para su papá. Nos entendimos y en 1956 me casé. Tuvimos ocho hijos, tenemos tres mujeres y cinco hombres; allí había un carro repartidor de flete, una camioneta, una camionetita que se llamaba, mejor dicho la marca REO, hubo oportunidad de agarrar ese puesto y estuve trabajando allí, no recuerdo que tiempo estuve trabajando allí, no sé si exista ese camión en el museo, pero era un carro jaula, como perrera municipal, y yo lo traía.
Había dos, eran dos rutas, la ruta 1 y la ruta 2, una repartía de la 5 de Mayo para acá y la otra repartía de la 5 de Mayo hasta la Humboldt. Yo traía uno, allí sí traía yo un estibador y entregábamos el flete que venía consignado con domicilio, se entregaba, y allí hubo oportunidad de agarrar un puesto de conductor de express, ya había yo empezado a chicharear. Entonces corríamos de una corrida de Apizaco a Orizaba y allí se quedaba, y había otra de Apizaco hasta Veracruz, allí anduve, y después salió un boletín con un puesto de Veracruz, de México hasta Veracruz, la 51 y 52, y lo pedí y me lo asignaron.
Yo pensé que allí yo iba a trabajar ya todo el tiempo, pero no, resulta que ya estando allí, ya sabe usted tratando de mejorar, había una corrida de Veracruz a Tapachula, que le decían el Suchiate, aquí en mi casa no querían que me fuera, pero yo dije:
Yo sí me voy para así mejorar, así ya todos mis hijos estudiaron, y pues que me aviento. Eran 24 horas de bajada y 24 horas de subida, de Veracruz hasta Tapachula, pero nunca llegábamos a tiempo, siempre nos atrasábamos, era lo que nos ayudaba para sobrevivir, lo que nos daban de tiempo extra, y luego tenían sueño los conductores, nos íbamos a descansar un día, allí estuve once años, y empezó ya a tronar el ferrocarril. Que se acaba esto, que se acaba lo otro, jubílate antes de que se acabe… Por fin nos dijeron los que tienen derecho a jubilación pueden solicitarlo voluntariamente, esto ya fue en 1992, y fue en el 92 que hice mi solicitud de retiro y sí alcancé. Me quedaron tres años de servicio, no me dieron todo, pero aquí estoy, gracias a Dios todavía bien.
P. J. Este viaje que hacía usted de Veracruz a Tapachula, ¿cuántos carros llevaba?
D. E. Era mixto llevaba varios carros de carga, el express, el correo, y de pasaje llevaba como cuatro, cuatro o cinco carros de pasaje. Era una algarabía andar allí porque llevaba flete de toda clase. Allí iba subiendo y bajando gente; salíamos de Veracruz a las cinco de la mañana y teníamos que llegar a Tapachula a las cinco de la mañana del otro día y teníamos doce o veinte horas de demora.
Mi papá estuvo, aparte de formar parte de la orquesta, estuvo en carpintería y en el Departamento de Aire. Ya murió: lo atropelló una máquina y me lo botó una máquina, aquí bajando el puente había una espuela y tenían un cuartito, donde se refugiaban, digamos, mientras no había trenes o estaba el tiempo mal, allí se refugiaban los aireros y los aseadores, pero silbó el tren de Puebla, y entraba todo pegado a la pared como estaba, y no se dieron cuenta.
Mi papá no se dio cuenta de que la espuela que entraba en una segunda vía, los otros sí porque quedaron de frente a la entrada del tren, y mi papá se quedó de espaldas; entonces los otros cuando vieron que agarró la espuela, se aventaron, mi padre volteó a ver qué pasaba, y le pegó aquí el pistón de la máquina y lo tiró, primero lo arrastró, desgraciadamente se acercaba semana Santa y no lo pudieron atender aquí. Se lo llevaron al Colonia [hospital], y allá estaban diciendo que no había muerto de eso y que había muerto de neumonía. Allí también nos dieron cualquier cosa, pero falleció, falleció el 4 de abril de no recuerdo qué año.
P. J. ¿Su suegro en qué trabajaba?
D. E. Trabajaba en el correo, a bordo, porque había un carro de agentes postales y un carro de express. Él trabajaba en el correo y mi señora le iba a dejar la comida, entonces empecé a verla y nos empezamos a entrevistar, así fue.
P. J. ¿Cuánto tiempo estuvo usted en Puebla?
D. E. En Puebla estuve como quince años.
P. J. ¿Vivía allá o acá?
D. E. Al principio me quedaba yo dentro del taller, como mi papá trabajaba allá como auxiliar, iba a suplir los descansos. Tenía un carro de ferrocarril acondicionado, y entonces allí me daba chance de quedar me. Me quedaba yo allí en el carro, nada más venía yo los sábados y los domingos, y me regresaba nuevamente. El problema los tuve con los compañeros, por las envidias. Hubo uno que se me quiso poner al brinco, que no, que era mejor que yo, pero yo le dije pues yo estoy arriba de ti, si fueras mejor que yo deberías de estar en el escalafón, así fue como pasé mi vida.
P. J. ¿Cuando vivía en ese carro dónde comía? ¿Dentro del taller por donde estaba el garaje, lo conocieron?
A. N. ¿En la estación del Interoceánico?
D. E. Hay una entrada, ahí habían familias de los ferrocarrileros. Había dos señoras que daban de comer, entonces allí comías algunas veces. A veces me salía a la calle, así le estuve haciendo.
P. J. ¿Se acuerda cómo se llamaba la señora?
D. E. Solamente me acuerdo que le decían la Nahuala. [Su hijo le pregunta: ¿cómo le decían?].
D. E. La Nahuala, una hija de ella tenía varios hijos, tenía dos o tres hijos y dos hijas, y la más chica se sube a la azotea y por donde entra la luz y ¡va pa’ abajo! Había otro señor que no me acuerdo cómo se llamaba el Departamento, pero él su apellido era Santamaría, era encargado del ferrocarril, el mayordomo era Ángel Acosta y tenía su casa entrando por la calle, en el primer rincón a mano derecha, allí vivía él con sus hijos y su familia. Tenía su esposa y sus hijos, dos mujeres y dos hombres, pero allí vivía.
El jefe de estación vivía por donde está la arboleda, estaba el telégrafo vas a la izquierda entrando por la calle, más a la izquierda es taba la casa del jefe de estación, entonces el jefe de estación era viejito ya y siempre pitcher, no me acuerdo cómo se llamaba. Otra anécdota que tuve: me tocó ver morir a un soldado, que le decían el Yaqui. Era grandote, trajeron un aparato que pesaba mucho, entonces pidieron prestado la grúa de los soldados y se quedó montado el muchacho así donde estaba la pluma y empiezan a levantar, se levanta la pluma y le cae todo, nada más vi salir sangre.
P. J. ¿Aquí en la estación de Apizaco?
D. E. Allá en Puebla.
P. J. ¿La Nahuala le daba de comer a otros trabajadores?
D. E. Llegábamos varios, había peones de vía y gente que no era de allí y que iba a comer allí. Cobraba a la quincena o a fin de mes, pero allí iba a gastar uno, y la otra señora estaba al otro lado, no me acuerdo cómo se llamaba, pero también daba de comer. Allí estaba otro carrito, y luego seguía el carro donde dormía mi papá y yo tenía llave. Había unos compañeros que me veían mal, pero llegaba yo y pasaba a dormir.
P. J. ¿Usted repartía al oriente de la 5 de Mayo o al poniente?
D. E. Cambiábamos, a veces había, no sé porque, oportunidad de, o por mandato, de repartir de la 5 de Mayo al oriente, toda la Santa María, hasta donde está Pepsicola, pero todavía no estaba todo eso, y de este lado está más corto, se entregaba algo, no mucho, a veces sí había trabajo y a veces no.
A. N. ¿Qué tipo de entregas hacían, que productos llevaban?
D. E. Mixto, le llamábamos mixto porque tenía también carros, furgones, y el correo express, tres cuatro carros, el cabús. En ese tiempo todavía había cabús, estaba de conductor Jorge, le decíamos el Águila, el Molitos, de apellido García. Jorge García estaba de conductor. Estuvo un tiempo, tenía una fotografía donde estaba con otro conductor, se apellidaba Celada, ya también está muy amolado, el Macaco, es José Luis Guzmán, y otro muchacho que se apellidaba, ya sabe usted que en ese tiempo nos conocíamos por apodos, entonces todos le decíamos Ardilla, no recuerdo cómo se llamaba. Vivía allá en Zaragoza. Pasando la Madero en la primera calle. Ya se me va la onda, estando yo trabajando de Veracruz a Tapachula echaba yo un viaje y descansaba yo cinco días.
P. J. ¿Usted se jubiló estando en la ruta Veracruz-Tapachula?
D. E. Sí, en el año de 1992.
P. J. ¿Durante el tiempo que trabajó en este tramo, su familia seguía viviendo acá?
D. E. Todo el tiempo, todo el tiempo vivieron acá, cuando me casé yo vivía en Puebla, cuando murió mi padre me tuve que venir para acá porque mi mamá se quedaba y mis hermanos. Todavía iba y venía, estando en Pachuca, estando en Apan, en Córdoba, siempre regresaba yo acá.
P. J. ¿Después de que se jubiló a qué se dedicó?
D. E. Pues prácticamente yo aprendí un poco la carpintería con un señor. Mi papá era carpintero en Ferrocarriles, pero con él no aprendí, tengo su herramienta, algo de herramienta de él. Todo lo aprendí líricamente, a eso me dediqué principalmente. Hice todo lo que usted ve de madera, la escalera y todo eso, todo lo fui haciendo poco a poco.
P. J. ¿Entonces él era carpintero en los talleres de Puebla?
D. E. Carpintero, airero, primero aseador.
P. J. ¿En Puebla o Apizaco?
D. E. En Puebla.
P. J. ¿Usted nació allá? [su hijo le repite la pregunta: ¿que si usted nació en Puebla?].
D. E. No, ni mis hijos. Solamente una de mis hijas. Yo nací aquí en Apizaco y aquí voy a morir.
P. J. ¿Además de su papá tuvo usted algún otro familiar ferrocarrilero?
D. E. Un hermano, que se llamó Felipe, trabajó en el Departamento Eléctrico, le decían el Kilowatito, no porque sea mi hermano, pero era muy eficiente, y recorría no sé de donde, pero donde había un problema allí iba Felipe a ver qué pasó. Buscaba el desperfecto y lo reparaba, y lo tenían también en un departamento, en un caserón donde bobinaban motores, donde el motor grandote le llaman Mona. En tiempo de vacaciones le daban mantenimiento.
P. J. ¿De sus hijos, alguno fue ferrocarrilero?
D. E. No, no pude, no pude acomodarlos; se acabó el ferrocarril, y ya no pude meterlos.
P. J. ¿Dónde estudió?
D. E. Aquí en Apizaco, nada más hasta la primaria. No estudié más. Cuando me invitó el jefe de estación a trabajar fue precisamente porque mi papá me recomendó, quería que entrara yo como estibador, pero me vio el jefe de estación, nos llevábamos bien con él, y dijo: él no sirve como estibador está muy chico. Así que me da los instructivos y me dice: ¡Apréndete esto! y te doy la oportunidad para que entres como oficinista. Fue así como entré: como oficinista.
P. J. ¿Eso aquí en Apizaco?
D. E. Sí, aquí chichareaba, había un señor que también era del express y venía de Otumba. Llegaba el 51 [tren número 51, México-Veracruz del Ferrocarril Mexicano]; se presentaba si veía que estaba yo trabajando me reclamaba el puesto y me quitaban, salía yo hasta llorando, de que nada más de buenas a primeras, ya trabajé yo medio día, bueno allí está Escobar y le toca.
P. J. ¿Lo regresaban a usted?
D. E. Me regresaban y ya decía yo no trabajé, trabajaba yo dos o tres días a la quincena.
P. J. ¿Él ya estaba de planta?
D. E. No, de extra, vivía en Otumba, se venía en el 51, tren que llegaba aquí a las once de la mañana y si no había nada a las tres de la tarde se iba.
P. J. ¿En ese tren, el 51, le pagaban a usted los tiempos extras?
D. E. Sí, siempre, así nos sostuvimos. Nos volteamos dos veces. Corriendo de Apizaco a Puebla, como era de madrugada, como a las cinco de la mañana, llegamos a Panzacola y por ejemplo recibía mis guías papeles y apuntaba y veía que tenía yo chance de acostarme, y esa vez me fueron a tocar: ¡Escalante!, ¡Escalante!, ¿estás bien? Yo ni cuenta me di. Estábamos bien volteados.
P. J. ¿En dónde?
D. E. En Panzacola, allí en la estación estaba el carro recargado en el andén. En ese tiempo yo traía una camita, a mi costado izquierdo. Y en la otra ocasión, allá por, no me acuerdo dónde, fuimos, veníamos el del correo y yo, cuando vemos que se empieza a acostar la máquina y me dice: ¡métete, métete que vamos a salir volando, ciérrale!, ya cuan do quedó parado ya fuimos a ver al maquinista, estaba medio privado, pero bien, pero fue en una curva. Íbamos mirando cómo daba vuelta y de momento carro por carro se fue acostando, y nos agarramos de los tubos que teníamos, y ya que se paró un montón de polvo.
P. J. ¿Sus hijos qué estudiaron?
D. E. Uno es contador, otro licenciado en Economía, otro no le gustó, ese no pudo entrar al ferrocarril. Cuando le dieron oportunidad de entrar al ferrocarril se le presentó otra oportunidad en Hylsa, entonces dijo aquí van a empezar luego, luego a pagar, entonces se fue para allá a trabajar, los otros estaban estudiando, uno técnico en computación, y la mujer estudió las cosas propias de la casa y nada más, y ya se casaron.
P. J. ¿En algún tiempo estuvo usted aquí en Apizaco trabajando?
D. E. Tiempos extras nada más, y como conductor de Express, iba yo echaba mi viaje regresaba yo acá como base.
P. J. ¿Además de los propios trabajadores del express con qué otros compañeros ferrocarrileros convivían en Puebla?
D. E. Pues con los conductores y garroteros. Todo el tiempo estuvimos como compañeros, y como salíamos temprano prendían la estufa del cabús y nos íbamos a refugiar, a calentarnos un poco. Entraban y salían, pero como iba yo con el express repartiendo cuando se acercaba una estación me iba yo a mi puesto para atender.
P. J. Además de lo que ya nos contó usted sobre dónde iba a comer en Puebla ¿qué otros lugares había allí por la estación para convivir?
D. E. El que cuidaba el taller, porque nosotros no metíamos para nada el camión, si no había un mecánico que vivía allí, y se descomponía en la calle o donde fuera, le hablaba yo por teléfono al jefe del express: ya se descompuso el carro y estoy en tal parte, allí espérense oríllense y no lo muevan. Ya llegaba el mecánico, era de cuerda, ya lo echaba a andar. [Su hijo interviene y le repite la pregunta: ¿A dónde se iban a echar sus copas?]
D. E. Con El tío Memo o en La Terminal. Ya tenía yo edad, ya me daban permiso (risas de don David). Los días de quincena nos juntábamos con los compañeros, íbamos a dejar allí algunos centavitos con el tío Memo. Vendían tortas que decían que eran de carne de caballo. Nos fiaban allí, algunos pagábamos al contado, pero ya sabe usted la coperacha, y más abajito estaba una vinatería donde comparaba uno la botella.
P. J. ¿En esos tiempos de repartidor de express cuando no tenía cargador, usted mismo lo tenía que cargar, que llevar?
D. E. Después del vallejaso sí, yo lo tenía que cargar y luego aquí de la Magdalena Tlatelolco cargaba yo unos atados de hasta nueve ollas de un barro que hay por aquí con el que hacen los patos y todo eso. Los atados de nueve ollas los subían allí por La Magdalena, pero como era un carro brincón, nada más veía cómo iban bajando los tepalcates. Se rompían, iban aquí los inditos, los que trabajaban eso, y decían: ¡mis ollas! –Allí están tus ollas, el puro mecate, en cachos, el puro mecate, se rompió todo. Los carros que brincaban pero feo, feo, y todos el flete se arrancaba había que estarlo acomodando, no había manera de que no se quebrara todo.
P. J. Además de las ollas y lo que nos ha contado ¿qué otros productos se llevaban?
D. E. Legumbres, paquetes, calzado, camisas; toda clase de flete, mu danzas, desde un ropero, una cama, sillas, sillones, paquetería y dinero. También se manejaba dinero. Se mandaba dinero por ejemplo a México. Se presentaba usted en la ventanilla le daban un sobre, lo contaba, lo metía y en su presencia lo lacrábamos, le poníamos su sello de lacre, los cosíamos, entonces todavía se podía coser el billete, lo atravesábamos, le poníamos otro sello, ya pasaba el tren para México o viceversa, ya se enviaba, o dinero en monedas, morralla. Llegaban, había clave para avisar que tenía uno dinero que iba a viajar.
No recuerdo qué clave era. Las echábamos en las carretillas, esas de cuatro ruedas, y cuando llegaba el tren estaban guardadas. Ya los sacábamos, como 20 o 50 bolsas de morralla, entonces sí entraban los cargadores para agilizar el servicio. Nosotros los íbamos contando, que fueran completas. Todavía no se iba el tren y le echábamos una recontada, que estuvieran completas.
Cuando algún flete faltaba teníamos derecho de usar el telégrafo, ya poníamos: ¡de su entrega falta! un cartón de tantos kilos, o le sobra, estábamos al corriente de eso. Aquí en el ramal se manejaba a San Manuel unos bultos grandes de algodón. Todavía trabajaba la fábrica de hilados, y cargábamos unas pacas de hilados, también se acabó la fábrica, y de Santa Cruz, no recuerdo, en Santa Ana cargaban también mucha mercancía: cobijas, ropa ya echa, ¡qué bárbara!, llegaba también hilo para trabajar, y ya le digo de la Magdalena manejaba el barro. Zacatelco manejaba pan que traían de fiesta.
Ese entraba de San Juan Totoloapan, de por allí entraba el pan ese, pero hartos huacales de pan, y de Veracruz cajas de pescado; llevaban cajas de pescado para Apizaco y para Puebla. Teníamos problemas porque muchos compañeros le metían mano, lo ordeñaban, ya luego venía el señor y decía: esta caja viene robada. –Si viene robada yo no sé; empieza a sacar el pescado, salió bien, qué pasó. Pues es que pasó lo sentimos ligera, sí, sí está completa. Yo no tuve problemas, ah sí tuve un problema de unos pollos, entonces cargaban cajas con pollos, pollitos, íbamos a Puebla. Eran de aquí de Apizaco, y comienzo a ver pollitos fuera de las cajas, ya que reporto, andaba una rata que los masticaba, los mataba nomás y allí los dejaba, pero me querían hacer que yo pagara. Me investigaron por ese problema, pero no me pudieron hacer nada, más o menos de lo que me acuerdo.